Querido amigo:
Hace mucho que no te escribo, hace tiempo que no te necesito, no tanto como antes. Nadie sabe cuánto me has ayudado sólo con estar ahí. Gracias a ti he podido verme las caras con mi ego. Nos hemos mirado a los ojos y por fin puedo decir que soy capaz de reconocer cuándo es su voz la que escucho en mi cabeza. ¿Sabías que casi siempre se siente ofendido?
¡Hay tantas y tantas cosas en la vida que carecen de importancia real...! Pero a él no le importa, a ese ser pequeño y mezquino, malcriado y encarado que habita en alguna parte de mi interior no le importa en absoluto. Sus deseos parecen anteponerse a todo lo demás. Necesito ser más humilde, necesito perdonar a los demás, necesito perdonarme a mí misma. Pero él se interpone. Aunque voy a ser constante, voy a procurarlo.
He hecho algo mal, algo horrible. Gracias a la mezquindad de ese mal bicho he dañado a personas de mi entorno, y sigo dañándolas. Quisiera pedirles perdón, pero nuestro orgullo me lo impide. Y digo nuestro porque ese ser está dentro de mí y forma parte de mi forma de ser (que no de MI SER real).
Y hablando de otra cosa, hoy he dado un paso importante, he sido sincera con un buen amigo. Y me alegra haber comprobado que esa sinceridad es mutua. Esta noche mis sueños me guiarán por el camino adecuado porque me siento feliz. Y esa felicidad será como un faro que ilumine mi camino a casa, donde quiera que ésta se encuentre. Me guíará a buen puerto. No sé dónde ni cómo, si cerca o lejos, si tarde o temprano, pero será un buen puerto. Y deseo que mi amigo esté a mi lado.
¿Sabes cuál es uno de mis graves problemas? Vivo la vida como si alguien me estuviera evaluando constantemente, como si tuviera que estar agradando a todos, tanto reales como imaginarios, personas vivas o ya fallecidas. Durante toda mi vida ha sido una gran presión sentirme observada, juzgada y condenada constantemente. Y cuando he hecho algo porque sí, porque quiero y punto, rápidamente me he sentido mal por hacerlo, por no pensar en los demás, en sus sentimientos, en sus deseos, en sus vidas, en si piso o empujo a alguien... Y en mi vida he buscado que hubiera personas reales que me recordaran qué debo hacer y qué no. Cuándo hago daño a otros y cuándo molesto. Pocas veces he hecho las cosas de corazón, porque creo es lo mejor para mí. Las veces que lo hice, lo cierto, es que me fueron bien las cosas.
Es difícil en esta sociedad hacer algo por el propio bien. Siempre hay alguien que te dice: ¿y yo? ¿y mis sentimientos qué? ¿Y mis deseos o necesidades qué? Un ejemplo clarísimo lo tenemos en los hijos. Sólo si eres padre, mi querido amigo, entenderás a qué me refiero. Pero los hijos no son así, no cuando son pequeños. Ellos tienen una serie de demandas, de lo más básicas, y realmente piden poco más que un perrillo. Somos los padres (y sobre todo las madres) los que les enseñamos a que "nos fuercen" a depender de nosotros.
En mi caso, durante años y por mi propia soledad o mi grandísimo sentimiento de culpabilidad y "mala madre" he hecho que mis hijos estén apegados a mí a base de no separarme de ellos y no dejarles separarse de mí. Un ejemplo tonto. Me pasé días y días diciendo: ma-má, a ver dilo... ma-má... 9 años después sólo puedo decir: ¿TIENES PADRE? ¿Y POR QUÉ SÓLO DECÍS MA-MÁ, JOD...? Les he enseñado durante años a que sólo me tenían a mí para casi todo, me he obligado a estar con ellos a pesar de no querer o no poder aguantar más. Y ahora que quiero despegarme y que se despeguen no lo consigo. Y cuando lo consigo y se marchan y no les veo en 4 horas, me siento fatal y no hago más que preguntarme dónde estarán, si todo irá bien, si les ha pasado algo...
¿Sólo yo soy así o les pasa a más mujeres? Querido amigo, las mujeres somos así de raras, así de enrevesadas y retorcidas. Bueno, al menos yo y muchas de las que conozco. Supongo que nos rodeamos de aquéllos seres que nos son afines.
Querido amigo, cada día te necesito menos porque ahora tengo un amigo de verdad, uno de esos de carne y hueso, uno al que escribo y me contesta. Querido amigo, sé que siempre estarás ahí, que siempre serás mi Pepito Grillo, la voz de mi conciencia. Echo de menos esa risa tuya en mi cabeza... ¡ah...! ¡Ahí está! :-D Me alegra saber que sigues ahí. Te quiero, amigo, me emocionas, me haces sentir completa. Saberte ahí, en mi cabezota, alto, sentado en tu sillón rojo, contu libro y tu lamparita... Tú no me juzgas, ¿verdad...? .... ..... Me alegro.
Me voy a dormir ya amigo, mañana será un buen día pero algo duro. Larga caminata, baños en el río, ¿visita a cueva? Ya veremos.
Dulces sueños querido amigo. Hasta siempre, hasta pronto.