domingo, 22 de enero de 2012

Manos

Querido amigo:

Hoy sólo quería compartir contigo algo que escribí el otro día:

Era una mano grande, de dedos largos. Las uñas estaban cuidadas y limpias. Tan solo una mano derecha más, fuerte, acostumbrada a trabajar pero aún joven y de piel tersa. No podía apartar mis ojos de ella, tenía algo que cautivaba. Fui siguiendo sus movimientos mientras sujetaba el vaso y, de una manera muy sensual, lo acariciaba lentamente. Entonces comenzó a girarlo. Era uno de esos vasos anchos que a mí tanto me disgustan. La mía es una mano pequeña y me resultan incómodos. Pero la mano se encontraba a gusto con él. Se notaba que hacía tiempo eran compañeros de fatigas, se les veía compenetrados.
 
Luego agarró el vaso con firmeza. Los nudillos destacaban sobre las falanges; ahí estaban, más blancos, más brillantes que el resto. El vaso se elevó en el aire para llevar el líquido elemento a los labios y luego descendió hasta volver a la mesa. Y quedo solitario mientras la mano se elevó, se acercó al rostro y descuidadamente, mientras el dueño de la misma hablaba, el pulgar acarició el mentón de éste, despacio, muy despacio. Y esa mano derecha desapareció, para aparecer nuevamente en el cuello de su dueño, el cuál masajeó durante unos segundos.
Mientras la conversación acerca de la caza del otro día seguía, yo sólo podía mirar los movimientos de dicha mano, su actitud cuando imitaba cómo cogía la navaja o cómo disparaba con la escopeta. En esos momentos se la veía fuerte y segura, decidida.
Más tarde se entretuvo en acariciar a un perro. Las puntas de los dedos y las uñas le rascaban detrás de las orejas, el largo pulgar hacía pequeños círculos en su cuello. Luego, toda esa gran mano, fuerte y poderosa, se abría para acariciar el lomo del animal. Y pude imaginarla sujetando un bebé y pensé que, si su dueño fuera padre, podría perfectamente sostener a su hijo como en una de esas fotografías de Anne Geddes.
La conversación siguió, la mano volvió al vaso y éste a los labios. Durante unos minutos estuvo sujetando el vaso, jugueteando con él. Yo seguía abstraída y, de repente, como si quisiera llamar la atención de todos y reclamar su espacio en el mundo, apareció una mano izquiera que se elevó en el aire mostrando el dorso y, lentamente, comenzó a girar. Como a cámara lenta vi cómo se abría lentamente, primero el pulgar se separaba de la palma, luego el índice se estiró lentamente; corazón, anular y meñique le siguieron hasta que se mostró totalmente abierta, con la palma extendida hacia el cielo. Abierta, franca, sin nada que ocultar. Me pareció poesía, pura poesía. ¿Pueden unas manos de hombre encerrar tanta belleza, tanta hermosura? ¿Pueden ser tan masculinas y sensibles a la vez? Por un momento envidié a la mujer que las pueda tener.
Un recuerdo imborrable.
 
 
Espero que te guste, amigo mío.
 
Dulces sueños y hasta siempre.

sábado, 14 de enero de 2012

¡¡¡ SAL DE MI CABEZAAA !!!

Por favor, sal de ahí, deja de rondarme. No quiero que sigas siendo mi primer pensamiento al despertarme y el último antes de dormir. No quiero que sigas rondando por mi mente hora tras hora, día tras día. Es una tortura. Sólo rondando, sólo dando vueltas, inalcanzable, intangible, intocable, irreal (el club de las ies).

Así que quiero pedirte una cosa:

Sal de mi cabeza, SAL DE MI CABEZA, SAL DE MI CABEZA YAAAAA

miércoles, 11 de enero de 2012

Desvariando un poco

Querido amigo:

Ya han pasado las fiestas y, ¿sabes qué? ¡¡¡ Me alegro !!! Ha sido muy estresante. Trabajo, fiestas, compras, niños de vacaciones y más trabajo. Pero como casi todo en esta vida, han pasado, se fueron y dejaron algo para cada uno de nosotros.

En estos días he aprendido a conocerme un poco mejor, a descontrolar un poco más, a volver a sujetarme otra vez. No he aprendido nada acerca del amor o la familia, como dice la gente ñoña: una época de amor y para compartir, una fechas para reunirse con la familia... Ñoñerías, pamplinas, chorradas. Prefiero compartir en cualquier otro momento. Cada vez me gustan menos. Si no fuera por mis hijos no sé cómo las pasaría. ¿Será que me estoy haciendo mayor y me convierto en una vieja gruñona?

Sigo queriendo cambiar mi vida, sigue sin gustarme como está ahora. Sigue sin gustarme lo que hago y las motivaciones que me impulsan a hacerlo. Sigo echando de menos el tener 20 años y lanzarme por cualquier precipicio sin miedo a las consecuencias. Sigo temiendo errar en mis decisiones. Sigo sin haber madurado y, sobre todo, sigo eludiendo responsabilidades. ¿Cambiaré algún día? Sí, supongo que sí.

Lo verdaderamente importante es ir recorriendo el camino, poco a poco, no pararse, levantarse tras una caída y seguir adelante. Eso es lo más importante de la vida, vivir. Ser consciente de que vives. Sigo viendo pequeños milagros en esta tierra. Todos me dicen: hace mucho frío, se te ha congelado todo el coche... Y yo les digo: ¿os habéis parado a mirar el cristal del coche desde dentro? Esas formaciones caprichosas y únicas en forma de estrellas, miles de estrellas en este pequeño espacio, brillando al sol con unos diminutos rayos irisados. Son preciosas. Sólo hay que tomarse ese minuto, esos pocos segundos de la vida para ver un milagro de la naturaleza, uno de los millones que nos tiene reservados. Así parece más hermosa nuestra estancia aquí.

Estoy sensible. Ayer fue un día duro y me ha hecho mella. Me ha tocado en el corazón, ese lugar donde se esconden (y muy bien, por cierto) mis sentimientos. Alguien entró ahí y me señaló dónde estaban: ahí, ¿los ves, los sientes? Esos son los que tienes que atender, ahí debes entrar y analizar, debes nombrarlos y reconocerlos, luego podrás compartirlos. Y eso es algo a lo que no estoy acostumbrada. Y me refiero a los verdaderos sentimientos, a los que oculto incluso a mí misma. Y las motivaciones que los provocan, que los crean.

¿Soy justa en mis valoraciones? A veces juego con mi entorno y puedo llegar a ser realmente perversa, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás, tan sólo qué quiero en ese momento. A veces soy dura, muy a menudo soy dura de corazón. Puedo llegar a ser impasible, fría y calculadora. A veces me doy miedo.

La nueva vida que quiero para mí empieza por cambiar los viejos hábitos, esos que ya conozco y que no me gustan. Hasta hace poco no los había analizado siquiera. A cualquiera que me hubiera dicho que yo me comportaba así le habría tachado de loco. Dicen que solemos ver más los defectos que las virtudes que tenemos. En mi caso, veo parte de los defectos, otros los suavizo o maquillo pero, los verdaderamente importantes, los desconocía por completo. ¿Quién, YOOOO? Imposible. Y ahí empezaba un rosario de justificaciones. Está siendo duro pero al menos voy viendo algo de luz.

Ahora viene lo verdaderamente difícil. Cambiar. Y quiero hacerlo. He de hacerlo, en primer lugar, por mí misma y mi felicidad. Y en segundo lugar por mis hijos. Ellos me conocen mejor que yo misma pero he de enseñarles que las personas pueden cambiar, que podemos cambiar si queremos, si realmente estamos dispuestos y tenemos el valor suficiente. Espero tenerlo, por mí, por ellos.

Uf, hoy estoy divagando mucho. No pensaba escribir, tan solo conectarme y ver los correos, pero te he recordado. Y realmente me hacías falta. Querido amigo, cómo me gusta contarte mis desvaríos y que no me digas nada. Contigo no me preocupo por ¿qué pensará de mí si le digo ésto o lo otro? ¿Tendrá ganas de escucharme hoy? Siempre estás ahí (o no, tampoco importa).

Me voy a dormir ya, que mañana madrugo. Dulces sueños mi querido amigo, dulces y hermosos sueños. Un dulce beso.