jueves, 19 de abril de 2012

Hablar por hablar

Querido amigo:

Esta vez sólo te escribo para no sentirme sola. Es uno de los motivos por los que escribo. Y aunque sé, en lo más profundo de mi ser lo sé, que no estoy sola, a veces me siento así. este es uno de esos momentos. Pero hablando contigo se me pasa, eres mi "angel de la guarda, dulce compañía".

Aunque me siento sola estoy extrañamente feliz. Es curioso lo fácil que es hacerme feliz. ¿Sabes? El hecho de estar sola, de sentirme sola, no me incomoda. Tengo a mis hijos, a los que adoro. Pero necesito mi soledad, necesito este silencio, necesito la paz interior.

Estoy deseando recibir mis CDs de clásica y prepararme el MP3 para abstraerme de todo. Noche, fuego en el hogar, música adecuada, silencio interior, mente sosegada. Y claro, los paseos diarios, esos que no falten. Creo que el ejercicio físico debería ser obligatorio para todo ser humano. Gran parte de mi trabajo es físico pero no me refiero a eso: andar, correr, nadar, practicar algún deporte. Además de tonificar el cuerpo eleva el espíritu. Y si tienes la grandísima suerte de hacerlo y a la vez disfrutar de la naturaleza en su estado más puro, de ver esos cielos estrellados y limpios, de admirar ese verde vivo de las primeras horas de la mañana, en contraste con ese azul brillante del cielo... ¡Ah! Entonces te encuentras más cerca de Dios, te sientes más uno con el resto.

En estos encuentros con la naturaleza he tenido la oportunidad de observar un hecho curioso. Si ves una encina, una única encina solitaria, verás un árbol con su tronco y una copa en forma de bola, como un chupa-chups. El caso es que, cuando se juntan varias encinas (6-15, las que sean) entre todas ellas forman una réplica de lo que sería un único ejemplar. Entre todas forman una copa común con forma de bola.

¿Pasa sólo con las encinas? Pues no. También les ocurre a las sabinas. He visto 3 troncos de sabina juntos que, desde lejos, parecen "el sabinón". Una copa enorme en forma de triángulo con su vértice señalando al cielo. Y al acercarme, ¡sorpresa!, eran 3 troncos y cada árbol había dejado de crecer en la parte que coincidía con los otros para, juntos (sí señor, JUNTOS) formar un único ejemplar.

Amigo, ¿qué nos ha pasado a los humanos? Cuando nos movíamos en tribus buscábamos el bien común. Ahora no somos capaces de diferenciar qué es bueno para nosotros mismos. La naturaleza es sabia. Observar y aprender de ella es un buen consejo que me doy a mí misma.

¿Ves? Charlar contigo me ayuda. Voy a darme una de esas duchas largas que me gustan y me acostaré. Si quiero madrugar para andar será mejor irme ya a dormir.

Dulces sueños, mi querido amigo. Descansa y sueña. Sueña un mundo más amable, sueña un mundo más generoso, sueña conmigo. Yo soñaré lo mismo. Dulces sueños amigo, hasta pronto.

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