martes, 6 de noviembre de 2012

El primer día

Querido amigo:

Hace mucho que no te escribo. Lo cierto es que no me he acordado de ti en mucho tiempo. Esto de las nuevas tecnologías... Me he visto abducida por ellas pero, ¿sabes una cosa? Nada puede compararse a ti. Ahora que me he sentado a escribirte me doy cuenta de cuánto te necesito. Te he echado de menos: Esa sonrisa tuya, esa ceja levantada a veces, esa risa irónica otras, que resuena en mi cabeza, detrás de mí...

Necesito serte sincera, necesito contarte lo que me ha pasado, amigo. Por fin lo he conseguirdo, ¿sabes? ¿Recuerdas el odio, ese al que me enfrenté una vez? Pues he conseguido enfrentarme a él más de una vez. Lo estoy consiguiendo, creo que por fin he aprendido: soy fuerte, me quiero, no lo consiento. Por fin le doy la vuelta.

Paso a paso, peldaño a peldaño, así se hace camino, así se avanza en la vida, así se aprende. Estoy orgullosa de mí, me siento realmente feliz porque no voy a permitir que nadie, ¿lo oyes? NADIE vuelva a negarme. Soy grande, soy buena, soy fuerte, soy valiente, soy feliz, soy trabajadora, soy inteligente, SOY LOLA.

Voy a dejar mi paraíso, de forma temporal. Tengo que trasladarme, sólo unos kilómetros. Volveré aquí, volveré cuando mi lugar definitivo esté listo para mí. Mi cámara y yo, mi perra, mis paseos, la escarcha brillando, las hojas cayendo y mis cielos estrellados, mis maravillosos cielos.

Echaba de menos escribir. Con el móvil no puedo pero con el ordenador... Ahora mismo mis dedos se deslizan por las teclas, felices y contentos, saltarines, recordando dónde están las letras, rápidos como cometas.... Te echaba de menos a ti también, siempre tan callado, siempre tan sabio, siempre tan... YO.

Hoy empieza, hoy es el primer día, 5 de noviembre de 2012. Hoy comienza mi nueva vida. Mis niños se han ido, 15 días sin ellos, sin sus besos, sin sus caricias, sin sus peleas, sin su ropa tirada por el suelo. Dos semanas enteras. Las dos semanas que necesito para reajustar mi vida, mi casa, mis cosas. Tirar, limpiar, ordenar, trasladar, cambiar... Una nueva vida, una nueva casa y la mitad de lo que estorbe a la basura. Y el propósito de ser feliz. No dejarme caer nunca más en el pozo, nunca más.

Mi queridísimo amigo, cómo me gusta saber que ahí sigues. Me gusta el gesto que has hecho al cerrar el libro que leías y dejarlo sobre la mesita a tu derecha. La luz de la pequeña lámpara de lectura no ilumina tu rostro, tan solo tus manos y tus piernas. Me encanta ese batín burdeos que llevas, tan clásico. Puedo ver la sobra de tu silueta, tu melena sobre los hombros, tus manos cruzadas sobre tu regazo. Esos dedos largos, esas manos grandes y delicadas al mismo tiempo.

A veces, cuando estoy triste o me siento sola (como ahora) me gustaría sentarme sobre tus piernas, como una niña pequeña, y sentir esas manos sujetándome, sosteniéndome, acariciando mi pelo, consolándome. Hoy estoy sola, más que nunca. Hoy es el primer día. Pero mañana saldrá el sol nuevamente, y aquí estaré, en pie, como siempre. Ahora me voy a acostar amigo, y me gustaría que me dieras las buenas noches. Besa mi frente, ahuyenta los malos pensamientos, llévate los sueños negros. Síéntate a mi lado mientras duermo, lee en tu sillón, cerca de mi cama. Te soñaré ahí, protegiéndome, vigilándome. Si ves que mi sueño es agitado, cálmame, pon tu mano sobre mi cabeza.

Gracias mi querido amigo, mi padre, mi madre, mi yo. Gracias por estar ahí, gracias por susurrarme.

Dulces sueños amigo mío, dulces sueños.

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