viernes, 24 de febrero de 2012

Sueña conmigo

(Hora original de esta entrada 1:45 am. No pudo publicarse por problemas técnicos)

Querido amigo:

Hace días que te quería escribir; diferentes razones me lo han impedido. Pero estabas en mi imaginación, estabas en mi mente y no he dejado de hablarte.

¿Duermes ya? Seguro, es tarde. Yo también debería dormir. Así pues, te deseo que duermas y descanses. Y que tengas dulces sueños.

Sueña conmigo amigo, sueña que me deslizo suave y lentamente entre tus sábanas. Sueña que me acurruco a tu lado, sin querer despertarte. Sueña que me rodeas con un brazo, medio dormido y entre sueños. Sueña que suspiro aliviada y te rodeo con el mío. Sueña amigo mío, sueña que el aroma de mi perfume invade tus sueños y que éstos te trasladan a un mundo maravilloso. Sueña, mi querido amigo, sueña que el calor de mi cuerpo te reconforta en esta fría noche. Sueña que no estás solo.

Sólo sueña conmigo, sin más pretensión que esa, soñar. Sueños donde todo es posible, donde nada puede dañarte si no quieres, donde no hay juicios ni opiniones, donde nadie puede entrar si no es invitado. Déjame acompañarte esta noche en tus sueños. Déjame abrazarte y darte mi afecto. Y, así, en sueños, mi amigo, recibiré también tu cariño y tu afecto. Sólo en sueños. Etéreos y volátiles. Tan reales y verdaderos mientras sueñas y tan lejanos y velados cuando amaneces.

Y mañana cuando despiertes, solo habré sido eso: un sueño.

Así pues, amigo mío, dulces sueños. Hasta pronto.

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