viernes, 25 de noviembre de 2011

Recuerdos

Querido amigo:

¡¡ Qué bien me encuentro ahora mismo !! Puedo parecer una loca con tantos cambios en tan poco tiempo. No sé, ni me importa, la verdad. Hoy he ido a pasear. Creo que esta va a ser la hora de ir, justo después de comer. Ahora, con el otoño, los días se acortan cada vez más. Anochece enseguida y claro, refresca. Además, a las 5 tengo que estar a recoger a los niños (no preguntes, no, los recojo yo y punto).

Hoy he ido con un parroquiano ablanqueño y me ha encantado. ¿Sabes que aquí todo tiene un nombre? Tú (bueno, yo, quiero decir) miras una roca y la de al lado y piensas: "dos rocas" y punto. Pues aquí todas tienen nombre. Las pedrizas, los cerros, los altos... todo tiene un nombre. Me encanta. Dice el parroquiano que tiene un mapa hecho por él y otro de toda la zona, que a ver si me lo enseña. Creo que lo tiene acristalado pero, si consigo convencerlo, lo escaneo y ya te lo enseñaré.

Ha sido genial. Y hasta hemos encontrado unas pocas setas de cardo, que este año no hay. Y un níscalo (sí, sólo uno) pero bastante pocho. Luego un buen paseo por el monte y vuelta a casa. Ha sido genial. Pena de cámara de fotos porque habría hecho un montón y la temperatura era increíble para las fechas que estamos.

Ahora estoy muy relajada.

Es por la noche. Lo anterior que te escribí fue por la tarde y estaba tan relajada que me eché un rato y luego fui a por los niños. A partir de aquí llega mi trocito de tranquilidad.

Pues me sigo ratificando en lo que te he dicho en otras cartas: esta tierra es maravillosa, preciosa, llena de vida, salvaje a ratos, domesticada a veces, extensa y vasta, sin gente, sin casas, sin coches, sin farolas, sin asfalto. Es TIERRA, roja aquí, parda allí, verde un poco más allá... Hoy me he sentido niña, he vuelto a mi niñez de golpe. He tenido un "dejá vú" desde Los Rasillos: el olor a jara y pino, el campo abierto, algunos pinos sueltos, un camino embarrado, la luz otoñal, las sombras alargadas.

Y he recordado algo ya olvidado: aquéllos días de octubre o noviembre en que mi madre nos recogía del colegio y nos llevaba a merendar a la Casa de Campo. Ibamos los tres, mamá, Arturo y yo, andábamos hasta el parque de las torres, cruzábamos la carretera por el paso elevado y ya estábamos en La Casa de Campo. Los pinos, ese olor, el campo... un paseo hasta el lago, tomar la merienda, Arturo y yo corriendo, él metiéndose conmigo: "lenta..." "Jo, mamá, Arturo me está rabiandoooo..."

Volver a recordar esos días de felicidad, esos días de la infancia en los que no existen problemas de trabajo, ni responsabilidades. No hay letras ni deudas, no hay que comprar comida o pagar la luz, el único amor que necesitas está a tu lado (mami, te extraño) y es incondicional y seguro. Esos días en que podías saltar sobre una enorme montaña de hojas (pobre jardinero) sin que nadie te mirase como a una loca (lo he hecho en el puente romano, pero no me ha visto nadie más que mi hija y mi perra =) ) Ahhh, y recuerdo otra cosa, los guardas del Icona. Si cierro los ojos me parece verles, con su traje marrón, su sombrero, un cinturón que se cruzaba desde el hombro, de color rojo creo. ¿Llevaban escopeta? Creo que sí, pero está tan lejano el recuerdo... Y también recuerdo que a veces podía verse algún ciervo. Pero eso más hacia El Pardo, ahí sí que se veían.

Es curiosa la memoria, ¿verdad? Hay cosas en las que no has pensado ni un momento en años y años y... ¡ZÁS! Ahí están de repente, con toda su luz y su color, con todos sus detalles, hasta el más mínimo. Hasta puedo recordar los bloques de granito que conformaban la calzada de aquéllas calles del otro lado del río, aquéllos que se iban levantando gracias a las raíces de los árboles y en los que, cómo no, invariablemente me tropezaba... "Mari Loli... mira por donde vas... así no hombre, levanta la cabeza pero mira hacia delante, hacia el suelo..." Y al poco, ¡pumba! otro tropiezo... La historia de mi vida se resume en un paseo por el barrio, llena de tropiezos, caídas, raspones en las rodillas, lágrimas, una carrera "a que no me coges", risas, cantar mientras saltas, saltar a la comba mientras andas, de camino a la pastelería (¿se llamaba Crespo o eso era el bar?) o a la tienda de juguetes... ♫"Quien pisa raya pisa medalla..."♫ Todavía hoy, en ocasiones, miro al suelo e intento no pisar los bordes de los adoquines o las baldosas del suelo.

Sí, la mente humana es realmente curiosa... Ahora se me antojan dulcísimos esos recuerdos. Está tan lejano ese Madrid en el que vivía, alejado del centro y del bullicio, ese barrio tan tranquilo. Recuerdo que, nada más cruzar el río, a la derecha del puente, había un árbol en el que un viejecillo ponía un pequeño puesto de chuches. Ahí comprábamos de todo, desde 10 céntimos (de peseta, no de euros eh?). "Vamos al Viejecillo a comprar caramelos de nata y palolú..." Un día algún desalmado le quemó los cuatro tablones que tenía, con los que se había hecho un techecillo del que resguardarse si llovía. Era una minúscula casucha hecha con unos cartones, unos tablones y un trozo de uralita, todo apoyado en aquel árbol. Y se lo quemaron. Yo era una cría y no supe qué había pasado, sólo que ya no estaba el Viejecillo, y me dio mucha pena.

Pero un día, en la calle Comandante Fortea, junto al kiosko de periódicos, apareció un puesto pequeño, prefrabricado, de metal, con su puerta y su cerradura, su ventanuco. Era amarillo (horrible en comparación con el del árbol, bajo mi punto de vista) y ahí estaba, nuestro Viejecillo. Su misma ropa ajada, sus pantalones gastados, las zapatillas marrones de cuadros, de las de andar por casa, la camisa y sobre ella una chaqueta oscura, tan usada y descolorida como el resto de su ropa. Y su boina, que no faltara. Encorvado, con sus ojos ya apagados. Casi no veía las monedas pero a ninguno se nos ocurría engañarle. Tan entrañable. Debo de estar haciéndome mayor porque me está emocionando este recuerdo.

Y ahí siguió durante años, tantos que yo me fui del barrio antes que él. Cambiamos las chuches por cigarrillos sueltos, cuando empezábamos a fumar. Mis padres fumaban Ducados y yo prefería el Fortuna. 5 ptas. el cigarro. "Tres Fortunas sueltos y dos chicles de clorofila..." Y de ahí al parque, o a los Caminitos, donde hacíamos lo que ahora se llama botellón. Vamos, primero a la bodega a por los litros y luego allí a beber cerveza y sentarnos en círculo: beber, fumar, charlar, jugar a las cartas o "enrollarnos" con el "ligue" del momento. ¡Vaya...! Acabo de recordar que, justo antes de coger la calle que llevaba a Los Caminitos había un árbol con una placa, en el que se supone se sentaba Goya a pintar o algo así.

Bueno, no sabía que tenía todo eso por ahí guardado. Vaya carta larga y llena de recuerdos que te mando hoy. Fíjate lo que puede hacer un buen paseo, ¿eh? "Quien mueve las piernas, mueve el corazón..." y éste la sangre, y ésta activa la mente... Me gusta.

Mi querido amigo, ¿de dónde eres tú? ¿Cuáles son las vivencias de tu infancia que te conmueven hoy día? ¿Eres de campo o de ciudad, de la montaña o del mar? Me gusta imaginarte en diferentes pieles y con diferentes vidas... sin quedarme con ninguna en particular. Sólo imaginarte...

Mi queridísimo amigo, me despido ya por hoy. Creo que te estoy escribiendo todos los días. Aunque la semana que viene eso no será posible. ¿Te he dicho que me voy a Valencia? Creo que sí. Allí no tendré ordenador pero no desesperes. Son pocos días y pronto me tendrás de vuelta. Podré contarte qué se ha removido en este viaje. Ya sabes que estoy en época de cambios y es bueno hacer limpieza en esta casona que soy yo, quitar telarañas, iluminar estancias oscuras y olvidadas, abrir ventanas y dejar pasar la brisa de la mañana... Hoy me he parado a ver algunas de "esas fotos antiguas" y me han hecho sonreir. Ya veremos en qué me detengo mañana.

Recibe mi obligado beso de buenas noches, mi deseo de que tengas dulces sueños, tranquilos y muy dulces. Recibe mi cariño y mi amor. Ahora me gustaría recostarme en tu hombro y dormir; eso soñaré, tú me ayudarás esta noche a sentirme mejor, a no estar "sola en medio de un montón de gente...", gracias por tu abrazo, aunque sólo esté en mi imaginación, gracias por tu beso en la frente, gracias por tu caricia en mi mejilla. Buenas noches, amigo querido.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

...y llegó una aparente calma....

Querido amigo:

Seguro que te quedaste algo preocupado después de la última carta que te envié. Lo siento, no era un buen día. Últimamente me ocurre eso. Yo le estaba echando la culpa a las hormonas, a la regla, a la menopausia o a cualquier cosa que no tuviera que ver CONMIGO (con un conmigo consciente, quiero decir).

Creo que empiezo a comprender de donde sale tanta rabia. Hoy he ido sola a Sigüenza, ida y vuelta. Y la vuelta ha sido la leche. He descubierto una cosa: dentro del coche puedo gritar hasta desgañitarme sin que nadie me mire raro. Y eso he hecho. Gritar, llorar, llorar gritando y descubrir la verdad.

Ya sé qué me ocurre. Tengo que liberar algo en mi vida pero no puedo. Me aferro a ello con uñas y dientes y eso me lleva a mantener una dura lucha interior (joder, qué dura soy luchando, imagínate yo misma conmigo misma... me hago daño). Y ese "aferrarme" es lo que hace que una parte de mí se revele y de ahí esa rabia y ese odio. Odio contra todo. Es algo casi físico. Hasta el punto de que, estoy segura, que si alguien me tocara cuando estoy en ese estado le pegaría, sería incluso capaz de... perder la cabeza, desconectar de la realidad. Tengo miedo de que alguien me vea cuando estoy así, de que alguien que no me conozca de verdad me vea así. Porque a lo peor no quiere seguir conmigo una vez conocido "el lado oscuro" (... de la fuerzaaaa...., no he podido evitar el chiste fácil)

Ya me ha pasado otras veces, ya me he sentido así antes. Y te aseguro que no hay nada más duro que intentar no escuchar ese click dentro de tu cabeza, ese interruptor que, una vez accionado, me llevaría directamente a la locura, sin vuelta atrás...

Já, soy mujer, soy madre y, por suerte o por desgracia, soy una escorpio de manual (si alguien cree en eso, yo soy un caso a estudiar, de manual del todo). Soy masoca, me gusta sufrir, neceisto morir y renacer constantemente para crecer como persona (pero todo ello con mucho dolor, sino no mola). Ah, y necesito el sexo para que mi vida tenga sentido. Sin él tampoco soy nada, nadie, bueno... poca cosa... En fin, que le necesito a él para sentirme fuerte, necesito placer, darlo y recibirlo, necesito provocar, coquetear, seguir provocando... No importan las consecuencias, lo necesito.

Y aquí estoy, en un pueblo minúsculo, donde somos cuatro gatos, con mis 3 niños aquí, bien pegaditos a mí, teniendo que sujetar todos mis instintos para no dañar a los que amo... (y para que no se ponga cardiaco más de uno, que son todos muy mayores y no quiero infartos en mi conciencia) Y con mis luchas internas, con mis comeduras de coco, sin mis largos paseos de septiembre y octubre. Me ayudaba mucho pasear pero, a la ahora se hace de noche pronto. Aún así procuro darme alguno, aunque sea muy de noche...

Y de ahí tanta rabia, tanta lucha interna. Sé que tengo algo que aprender. Sé que tengo que "soltar" el lastre. Sé que tengo que dejar de aferrarme a las cosas. Sé que tengo que dejar fluir la energía a través mío, que me traspase y siga su camino. Sé que tengo que vaciar mis manos para que éstas puedan llenarse nuevamente. Vale, lo sé, ¿y? ¿Y cómo coño (con perdón) se hace eso?

Alguien me recomendó que me hiciera una burbuja para que no me afectaran las cosas. Pero eso tiene un problema. Si la hago lo suficientemente grande y resistente, no sólo no pasará lo malo, tampoco lo bueno. Y no me acercaré a nadie, ni podrán acercarse a mí. Y como dice la canción "todo lo que quiero es besos..." Bueno y abrazos y caricias... y palmaditas en la espalda. Quiero muestras de cariño y de afecto. Darlas y recibirlas. Quizá así, con el contacto, desapareciera algo esta sensación tan horrible que siento en mi piel.

Anoche me di una ducha a las 2 y pico, cuando acabé de escribir. Una de esas duchas laaargaaas y calientes, llenas de botecitos, mascarillas, exfoliantes, hidratantes y otros afeites femeninos.  Con ella quería eliminar esa sensación. Y funcionó, hasta esta tarde... Todos juntos en familia, en estos maravillosos 35 m². El que diga que el roce hace el cariño que me lo diga a mí a la cara, que le borro la sonrisa de un bofetón. En fin, de ahí que me haya ido a Sigüenza con semejante mala ostia en el cuerpo. Y como todo a mi alrededor es absoluta comprensión, tengo que aguantar lindezas del estilo: "no es que tus hijos te superen hoy, es que no los has aguantado nunca..." Sé que no es así, sé que no es verdad, y eso es lo que más me cabrea.
Cambiando de tema ¿Sabes qué? Me voy unos días a Valencia. Me hubiera gustado ir a casa de mi tía y estar con los míos, que los necesito mucho ahora mismo. Pero no, tengo que alquilar un apartamento (creo qué más grande que mi casa). Totalmente en contra de mi voluntad, qué le vamos a hacer... Al menos veré el mar, no pelearé con mis hijos porque los juguetes estén en medio y veré a la familia. Echaré de menos las charlas con mi tía o mi prima hasta altísimas horas en el salón. Mas la maniobra de "alejamiento de todo aquéllo que pueda darle seguridad" está en marcha. Menos mal que no sabe realmente QUÉ ME DA SEGURIDAD a mí. Mis bailes, mis chicas, aquéllos que me vieron... (gracias a tod@s).

Tengo miedo a que algún día estas cartas lleguen a manos equivocadas. Espero que eso no ocurra. Espero que queden veladas y ocultas, que sean invisibles para ojos no deseados. |-]

Hoy estoy enfadada. Se nota, ¿verdad? Bueno, voy a despejarme con un paseito. Hasta pronto y dulces sueños. Espero tenerlos yo también.

Un beso.

martes, 22 de noviembre de 2011

Mi odio

Querido amigo:

Hoy no me encuentro bien. No sé qué me pasa pero no es algo físico aunque casi puedo sentirlo como si fuera un animal corriendo por mi interior. Hoy siento rabia, odio, desprecio. Me corre y me corroe por dentro. Hoy odio todo lo que se encuetra mi alrededor, cerca de mí, todo lo que intenta interactuar conmigo. Odio a mis hijos y a mi marido, odio a mi perra, odio a todos los que se encuentran en las redes sociales y no paran de publicar cosas, odio a los clientes, odio a mi familia, odio a la suya. Incluso he llegado a odiarte a ti.

Sí, no te conozco, no tienes nada que ver conmigo, no sabes si existo o no, pero te desprecio. También te odio a ti. Te odio por no estar, te odio por no escucharme, te odio y te desprecio por no haberme encontrado. Te odio por haberte inventado.

Sólo quiero gritar, GRITAR!!!!!!!!! Gritar hasta quedar afónica, gritar hasta que no me quede aire y volver a llenar mis pulmones y seguir gritando. Soltar por mi boca toda la rabia que tengo dentro, porque sino, creo que sería capaz de hacer daño a alguien, de golpear, romper, rasgar, arañar, destruir, matar.

MATAR

Lo siento, no puedo seguir, ahora no. Creo que me voy a dar una vuelta.
Adios.

De las estrellas

Querido amigo:

Esta noche he salido a pasear a las afueras del pueblo, en un lugar donde pueden verse las estrellas. Donde vivo los cielos son claros y limpios y, en las noches despejadas y sin luna, pueden verse infinidad de estrellas, con una claridad y una belleza que pueden tocarte el corazón y derretir el hielo que en él pudiera haber.

Es noviembre y hace frío y aún así me he tumbado para observarlas. Las nubes se iban adentrando desde El Cerro, despacito, como una gasa suave, casi transparente. Las estrellas de mi derecha velaban ya su luz. A su alrededor podía verse un halo blanco. Pero el centro de la Vía Láctea aún se distinguía con claridad. Hoy ha sido la primera noche que he visto a las estrellas titilar.

¡Qué perfección, qué hermosura! Ahí estaban ellas, haciéndose guiños unas a otras. Parecían seguir el ritmo de una melodía que yo no podía escuchar. Claro, eso está reservado para el mundo de las estrellas, no de los humanos. Me he quedado un buen rato mirándolas, disfrutando de ese magnífico juego de luces.

Y ante semejante visión, ¿quién no se ha planteado lo efímero de su existencia frente a la grandeza del universo? Si te paras a verlo desde un punto de vista exclusivamente material y humano, la sensación de vértigo te invade y sientes que el suelo vacila a tus pies. Hay quien dice que ahí arriba lo que hay es una grandísima cantidad de "nada", de espacio vacío. Pero, ¿y qué somos nosotros?

Bueno, estamos hechos de piel, carne y huesos, algo de sangre corriendo por nuestras venas y un poco de pelo (o mucho, según quien). ¿Y de qué están hechos estos elementos? Pues de unas diminutas células, pequeñísimos seres vivos que nacen, crecen, se alimentan, interactúan entre ellos, se reproducen y mueren. Vamos, como nosotros pero en chiquitín. Pero estas células, ¿de qué están hechas? Largas moléculas de proteínas y otros elementos, mucho carbono, oxígeno, calcio, magnesio... En realidad, de un puñado de átomos que han decidido relacionarse de una manera curiosa y así formar dichas moléculas. Claro, hasta ahí bien, lo que casi todos hemos estudiado en el BUP. Pero los átomos se componen de electrones, protones y

neutrones, y éstos en otras partículas aún más pequeñas y, ¿sabes qué? Pues que entre ellas sólo existe un montón de espacio vacío.

Así pues, amigo mío, el vértigo entra no cuando ves la inmensidad del universo, sino cuando te das cuenta de que no eres más que un montón de espacio vacío. ¿Y si somos los universos de esas pequeñas partículas que nos forman? ¿Y si nosotros somos las pequeñas partículas que forman este universo? Eso sí que da vértigo, ¿eh?

Bueno, quiero creer que somos una parte más de un grandísimo TODO y que nos relacionamos e interactuamos entre nosotros y con nuestro entorno en diferentes planos, que cuando muramos en esta

existencia seguiremos viviendo otra, de alguna manera que no comprendemos y que, quizá, volvamos a terminar lo que no acabamos.

No sé, como el trigo. Lo plantas, germina, va creciendo verde y orgulloso, grana y pone sus "granitos" en este mundo y entonces comienza a morir, se seca, amarillea y muere. Pero toda su energía, su vida, su información genética, se encuentra en esos granos y en ellos vivirá. Será otro (otros), será diferente, pero seguirá viviendo.

La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. No puedo, NO QUIERO creer que la maravilla espiritual, intelectual o sentimental que es el ser humano se pierda sin más. Y eso me hace ser feliz con mi corta existencia.


¡Vaya, amigo mío! ¡Qué metafísica estoy hoy! Y eso que quería contarte lo bonito que es nuestro cielo. Nuestro, llevo sólo unos meses viviendo aquí y ya lo he hecho mío. Sé que algún día vendrás y lo podrás ver por ti mismo. Sé que podremos verlo juntos. Sé que, en una de esas noches estrelladas y sin luna del verano nos tumbaremos y podremos disfrutar de la belleza del universo; podremos sentirnos pequeñitos juntos, así al menos no nos sentiremos solos.

Hoy no estoy triste amigo, hoy me siento algo más viva. Pero sólo un poco. Hoy no quiero mirar dentro de mí. Hoy prefiero las estrellas, así mañana tendré otra perspectiva, más amplia, espero.

Tú sigue ahí, donde quiera que estés. Yo seguiré aquí, viviendo mi vida, resolviendo mis conflictos, muriendo y resucitando, siguiendo mi naturaleza, descubriendo esa naturaleza, sanando mi alma, pero ¿sanaré también mi corazón? Duele, aún sangra tras la última herida. Pero creo haber descubierto algo ¿sabes? Creo que nadie me hace esas heridas, creo que soy yo la que me daño o la que permite que algo me dañe.

 
Otro símil: llevo las manos, brazos y piernas llenos de marcas. Son marcas de quemaduras (horno, estufa, plancha...), tengo cardenales en piernas, brazos y espalda de los golpes que me doy con muebles, picaportes, puertas... Como decía Hermes: como es arriba es abajo. Y al igual que me golpeo y me quemo sin ayuda de nadie, así hago con mi corazón. Bien, parece que ya tengo algo más sobre lo que meditar.

Amigo mío, me cuesta mucho pero voy a despedirme ya. Espero poder escribirte otra carta mañana.

¿Duermes ya? Seguro, es muy tarde. Te mando un beso, un beso en la frente que aleje los malos sueños y los malos pensamientos. Dulces sueños, amigo mío.


Un Beso

domingo, 20 de noviembre de 2011

Mi tristeza

Querido amigo:

Hoy estoy otra vez triste. Hoy te necesito cerca. Tengo un grandísimo problema y no sé qué debo hacer ni cómo solucionarlo. Ni siquiera sé si debo intentar solucionarlo o simplemente esperar que caiga por su propio peso. Tengo ganas de llorar y de gritar, tengo ganas de salir corriendo y soltar toda la amargura, la tristeza, la rabia, el odio, en un grito tan grande, tan fuerte, que me desgarre por dentro y deje salir todo aquéllo que tanto me envenena la sangre.

Hoy estoy otra vez triste. Hoy siento cómo el cielo tiembla encima de mi cabeza. Hoy desearía ser una niña pequeña y poder acurrucarme en brazos de mi madre y sentir toda su protección en un abrazo. Tengo miedo, tengo muchísimo miedo al futuro, a la vida, a lo que vendrá. Y sé que el miedo paraliza, y sé que no debo sentirlo, y sé que la vida está nada más que para vivirla, pero aún así tengo miedo.

Hoy estoy otra vez triste. Y las lágrimas se derraman por mi rostro mientras te escribo. Y sigo sin saber qué hacer, o si hacer algo o no. Hoy siento mi corazón pesado, tan pesado como una losa. Y siento que algo me oprime la garganta y no me deja hablar, ni gritar, ni llorar como quisiera.

Hoy estoy otra vez triste. Y en el fondo doy gracias por estar aquí sola, escribiéndote. Porque si tuviera a alguien que me diera el más mínimo cariño ahora mismo, me partiría en dos y volcaría sobre esa persona todo mi dolor. Ni siquiera tú podrías soportarlo, te dolería tanto como a mí, te atravesaría el alma como una lanza.

Hoy estoy otra vez triste, querido amigo, hoy estoy cansada y triste. Cansada de no saber, cansada de aguantar lo que no quiero aguantar, cansada de callar cuando quiero gritar, cansada de consentir. Profundamente cansada de gastar mis energías en algo tan inútil como eso, aguantar, callar, consentir. Cansada de no saber cómo luchar, cansada de dar palos de ciego en lugar de abrir los ojos, cansada de rehuir mi destino, cansada de ser una cobarde.

Y dime, amigo, si tan cansada estoy, ¿de dónde voy a sacar las fuerzas para seguir? ¿Cómo voy a enfrentar mi camino, cómo voy a cambiar lo que no me gusta en mi vida? Dime, mi querido amigo, ¿qué voy a hacer? ¿Qué será lo mejor para mí y mis hijos? ¿Hasta cuándo voy a seguir así?

Rezo, Dios sabe que rezo, todos y cada uno de mis días, cada vez que puedo o me acuerdo, rezo para que me ayude a ver la salida. ¡Cómo me gustaría que estuvieras conmigo! ¡Cómo me gustaría que me contestaras a mis cartas! ¡Ay, si supiera quién eres! Pero eso no es posible, aún no. Todo llegará, cuando sea el momento indicado.

Hay un dicho que dice: si amas algo, déjalo marchar. Si te pertenece volverá a ti. Así pues, mi querido amigo, dejaré de intentar atraerte, pensaré que eres libre para moverte donde quieras, no pensaré que estás conmigo, sólo que eres feliz, recorriendo tu camino. Te contaré mis cosas aquí, en este pequeño rincón, que no es tuyo, sólo mío. Aquí, en el lugar donde nadie me juzga ni me critica, donde nadie puede verme, donde puedo ser yo, donde puedo darle expresión verbal a mis sentimientos, a mis pensamientos más profundos.

Cada día que pasa más te amo, mi querido amigo. Con ese amor que se siente hacia alguien muy querido, muy respetado. Ese amor que te invita a darlo todo sin necesidad de pedir nada. Ya nada te pido, ni siquiera que leas estas cartas. Aquí quedarán hasta el día que estés preparado para ellas.

¿Ves? Ha vuelto a pasar. Parte de mi angustia se ha ido. Quizá ahora sea capaz de dormir. ¿Tú duermes? Seguro que sí.

Mis mejores deseos. Estás presente en mis oraciones, amigo. Dulces sueños y hasta pronto.

Un beso

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un cuento - Parte I

Querido amigo:

Hoy se me ha ocurrido un cuento, un cuento para niños (creo...) y está basado en una pesadilla que tuvo mi hijo Alvaro. Por cierto, ¿te he dicho que soy madre de 3 niños? Alvaro es el pequeño pero ya tiene 7 años y está hecho un campeón. Algún día te hablaré de mis hijos.

Voy a contarte lo que tengo de ese cuento, que no es todo, ni mucho menos. Ya me dirás (algún día) si te gusta.

¡UN VIAJE INCREIBLE!

Me llamo Rubén y tengo 6 años. Tengo dos hermanas, Laura y Beatriz. Son mayores que yo. Laura tiene 9 años y Beatriz tiene 7. Somos casi iguales y nos gusta mucho jugar juntos, pero estamos casi siempre peleándonos. Ya sabes... cosas de hermanos.

Hoy estamos jugando en el campo. Papá y mamá nos han llevado a dar una vuelta y estamos en un sitio muy chulo, que tiene un río y todo. ¡Más bonito! Tiene el agua de un color verde esmeralda. Pero el agua es tan transparente que puedes ver todo el fondo sin ningún problema. Hay unas rocas enormes en el fondo y pueden verse unos agujeros enormes. Papá dice que se llaman "pozas". Es un nombre muy gracioso para un agujero, ¿no crees? En ese río es donde nacen las sirenas, me lo ha dicho mami, porque nacen en los ríos y son muy pequeñas al principio. Luego, cuando crecen un poco, se van al mar y allí se hacen grandotas y con una cola de pez enorme.

Mis hermanas y yo jugamos a tirar piedras pero luego hemos descubierto un juego aún más divertido: TIRAR PALOS. ¿Has tirado alguna vez un palo al agua? ¿Sabías que flotan y no se hunden? Las piedras se van para abajo, al fondo, pero lo palos flotan y puedes seguirles corriendo por el río. Es lo más...

Voy a tirar uno ahora mismo... mira... ¡¡ahí vaaa!! Da vueltas y vueltas, lo miro fijamente y... ufff... me estoy mareando... la cabeza me da vueltas y vueltas... todo gira.. todo se mueve... me caigoooooo...

===========

Rubén perdió el conocimiento. No sabía cuánto tiempo había pasado pero parecía que hubiera la misma luz que hacía un rato. Intentó moverse, incorporarse, pero no pudo. Algo se lo impedía. Se concentró entonces en lo que oía. El murmullo del agua se sentía cerca y entonces se acordó: estaba en el campo, cerca del río. Había ido con sus padres y sus hermanas. ¡Es verdad! Podía oirlas acercarse. Intentó llamarlas, pero ninguna voz salió de su garganta. Empezó a asustarse, un poquito solamente, pero estaba asustado. Las voces se aproximaban cada vez más así que pronto podrían verle y llamarían a papá y mamá. Eso le tranquilizó.

- "¡Vamos Bea, tiremos otro palo a ver hasta donde llega esta vez"
- "¿Has visto a Rubén? Seguro que se ha escondido otra vez para darnos un susto. ¡Este niñoooo!"-, dijo Beatriz.
- "Bueno, ten cuidado, no vaya a asustarnos de verdad. ¿Dónde están papá y mamá? ¡Ah, ya les veo, están al fondo!", exclamó Laura.
- "¡Halaaaa, qué paloooo! ¿Tiramos éste, Laura?"
Beatriz cogió el palo con ambas manos. Debía medir medio metro casi y seguro que navegaba de lujo. Si lo tiraban bien al medio del río podría llegar hasta el puente, de eso estaba segura.

======

Rubén vio cómo sus hermanas se acercaban. Las oía hablar de él y de sus padres. Pero, ¿qué les pasaba? ¿Es que no podían verle acaso? Beatriz se aproximó y se agachó a su lado. ¡Menos mal! Creía que se habían vuelto ciegas. Pero por fin le veía y se acercaba para ayudarle. Pero sucedió algo de lo más extraño. Su hermana le levantó en brazos con una sola mano y le llamó.... ¿¡PALOOOOO!?

Miró de reojo y vió el suelo ahí abajo, muuuyyyy abajo. El pánico se apoderó de él y lo comprendió de repente: se había convertido en un palo.

Y gritó. Gritó como no había gritado en su vida. Gritó como nadie ha gritado en este mundo jamás. Todo su ser, toda su alma, toda su esencia estaban impresas en ese grito. Las jaras que había cerca temblaron de miedo. Las retamas y los enebros movieron ligeramente sus hojas. Los altos chopos inclinaron sus ramas hacia un lado y otro, todos al unísono, como si quisieran unirse al grito de Rubén. Incluso algunas de sus hojas cayeron muertas de repente. Era como si un viento terrible hubiera pasado por ahí. Duró apenas unos segundos.

En el prado que había a unos 300 m. de ahí una brizna de hierba se estremeció, se inclinó hacia su vecina la margarita y le preguntó qué era eso. La margarita, que sabía mucho de la vida y de la muerte le contesto:

- "Ese es el grito de la desesperación más absoluta, del sufimiento más atroz. Reza para que nunca te encuentres en una situación que te haga sufrir de esa manera."

===================´


Hasta aquí he llegado de momento. ¿Por qué los principios de los viajes importantes de nuestra vida empiezan siempre con sufrimiento? Creo que tiene algo que ver con ese axioma hermético: Como es arriba es abajo. Si para nacer físicamente lo haces mediante un parto, que significa dolor y sufrimiento (para el que nace y para el que pare), cada nacimiento nuevo de esta vida viene así, con dolor y sufrimiento. Quizás sea lo que necesitamos para seguir adelante. Seguro que no tienes ganas de volver atrás si tienes que volver a pasar por ese mal rato ¿no?

Mi querido amigo, da gusto poder tenerte y contarte mis cosas, mis "pajas" mentales. Quien sabe, quizá algún día las pueda publicar e incluso me proporcionen un medio de vida ¿no? JAJAJAJA.

Qué raro es esto de hablarte y que no me contestes. No me juzgas, no me criticas, no piensas sis es bueno o malo. Sólo estás ahí y escuchas. Bueno, "lees", que es un escuchar virtual ¿no? Es raro pero a la vez liberador. Porque NO ME JUZGAS y NO ME CRITICAS. Y eso, en la sociedad en la que vivimos, obsesionados con controlarlo todo y a todos, hay que ponerlo en mayúsculas.

Bueno, es muy tarde ya, creo que voy a dormir. Espero poder escribirte otra carta mañana pero, si no lo hago, no me lo tengas en cuenta. Quizá tenga trabajo y no pueda. De todos modos, gracias como siempre, por estar ahí, por intuirme. Gracias sólo por ser (o no ser, que aún no sé nada de ti).

Recibe mi cariño y mi amor, recibe un beso y un abrazo. Y si ya duermes, que éstos no te despierten. Que sólo te acompañen en tu sueño de esta noche.

Dulces sueños, amigo mío.

Un beso.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Puertas al campo

Querido amigo:

Alguien me ha dicho hoy que no hay que cerrar las puertas al campo. Creo que ese refrán (o frase célebre) era más bien "no ponerle puertas al campo". Imagínate: un verde prado, las colinas de fondo, unas cabras o unas ovejas pastando aquí y allá, un manantial brotando de aquella peña de la izquierda y, en medio de ese vergel, una puerta.



Seguro que más de uno la miraría y no iría más adelante por miedo a lo que podría pasar. ¿Y si paso de aquí y entro en una propiedad privada? ¿Y si sale el dueño de la puerta o del campo y me da la bronca o intenta cobrarme? ¿Y si alguien me dispara...?

Algunos intentarían abrirla o la abrirían y pasarían a través suyo. Seguro que si la puerta pasa el suficiente tiempo en ese campo, terminaría habiendo un camino que llevaría directamente a ella y seguiría tras ella.

Los habría que la admirarían, más de un filósofo nos explicaría el bien o el mal que pueden hacer las puertas en el campo. Los economistas nos hablarían de las ventajas fiscales que tiene el atravesar puertas. Y claro, el gobierno central diría que hay que poner más puertas en el campo, tantas como rotondas en las carreteras. Eso daría trabajo a carpinteros e instaladores, a diseñadores de puertas y transportistas.

Sí, tal como está el mundo occidental, algo así pasaría. Pero ¿y si traes a alguien, no sé, por ejemplo de una tribu del Africa Subsahariana y le pones delante de la puerta? ¿Qué crees que hará? Quiero pensar que se maravillaría del verdor del prado, correría a saciar su sed en el manantial e intentaría coger algunas ovejas y cabras para su futuro rebaño, el que alimentaría a su familia. ¿Y de la puerta...? Pues hombre, madera para el fuego, que habrá que cocinar. Es de cajón, ¿no?

Pues tan inútil como poner una puerta en el campo es intentar ponérselas a nuestra naturaleza. Somos seres humanos y toda la vida nos han dicho lo que tenemos que hacer y pensar, y cómo tenemos que hacerlo y pensarlo. Y toda mi vida me he rebelado ante ello, he peleado con uñas y dientes, pero... lo he hecho, en mayor o menor medida. Ahora mismo, en esta vida que llevo actualmente, me estoy rebelando contra los últimos años de cautiverio y encierro, de sometimiento, de auto-engaño, de (lo siento hijos míos, os amo) de ser madre y ver cómo me devoran la carne, el corazón, el alma...

Pero, ¿sabes qué? No soy lo suficientemente valiente para romper de verdad. Sigo poniendo puertas en mi campo, pensando que están cerradas y que no puedo seguir adelante por lo que pueda pasar. Sigo teniendo miedo. Algo paraliza mis piernas. Pienso en cómo poder pasar por la puerta sin molestar a nadie, sin hacer ruido. Y si de verdad me lo planteo, ¿para qué pasar por ella? ¿Y rodearla o simplemente cambiar de dirección y olvidarme de ella? Bueno, seguro que alguien me vería y diría que está mal y me juzgaría y... Miedo. El miedo paraliza.

Amigo mío, ¿crees que me libraré de él, de ese miedo? ¿Crees que encontraré el coraje y la valentía para romper las putas puertas de mi campo y hacer una hoguera de San Juan, o de Navidad...? ¡Ay amigo mío! ¡Cómo me gustaría que estuvieras ya conmigo! Podrías ponerte detrás de mí y susurrarme al oído: "adelante... sigue así... no tengas miedo... estoy detrás... te cubro las espaldas... te acompaño..."

Mas otro pensamiento se cruza en mi cabecilla. ¿Y si estás ahí delante? ¿Y si no llego a encontrarte por culpa de los miedos, por los temores que me paralizan? ¿Y si te pierdo antes de haberte tenido siquiera?

Pongo mi confianza en Dios para que me guíe. Espérame. Quizá tarde un poco pero te encontraré. Gracias por estar ahí. Si detrás, protegiéndome; si delante, animándome a seguirte. Sea como sea, gracias.

Un beso.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

¿Elecciones el 20-N?

Querido amigo:

Otra vez estoy contigo, no me olvido de ti. Estamos cerca de las elecciones generales en esta nuestra España, 20-N de 2011. ¡Qué buena fecha! La verdad es que no sé a quién se le ocurrió hacerlas coincidir pero, bajo mi punto de vista personal, no es buena idea. Y no por las implicaciones políticas o ideológicas de dicha fecha, no. Ese día murió mi padre.

Recuerdo que me llamó mi prima de Valencia, ¡¡¡ NADA MENOS QUE DESDE VALENCIA !!! Sobretodo si tenemos en cuenta que mi padre vivía en Madrid y ahí murió. Recuerdo lo que me dijo y era de lo más kafkiano, de verdad: "prima, lo siento... Uff, qué palo, es muy duro lo que te voy a decir pero... creo que el tío Rafa ha muerto". Me costó varios segundos darme cuenta de que "el tío Rafa" era mi padre. Me quedé... no sé cómo explicarlo, fría. No lloré, no me puse histérica ni nada. Intentaba comprender por qué extraño motivo me llamaba mi prima para darme esa noticia.

Mi padre vivía desde hacía años con una mujer que le quería a su manera (posesiva, celosa, absorvente, obsesiva...) y, en lugar de llamarme a mí, llamó a Valencia. También es cierto que tenía más confianza con mi tía y mi prima que conmigo.

No lloré, no enseguida. Sólo empezaron a temblarme las manos, mi respiración se aceleró. No fui capaz de llamarla así que llamé a mi marido, le di el número de teléfono y le pedí que se enterara de qué había pasado mientras yo cerraba el bar. "Sí, tu padre ha muerto Lola..." ¡¡¡ PUUUUUMMMM !!! Bofetón de realidad. Lloré, pero poco.

Y le vi muerto, y le vi cambiar de color, y vi cómo la vida había huído de su rostro y de su cuerpo, y con el pasar de las horas... vi cómo su cuerpo parecía encoger. Ese ya no era mi padre, no. El estaba lleno de vida. El siempre amó la vida y la vivió con absoluta intensidad, durante los 74 años que pasó en este mundo. Cometió errores (¿quién no? El que esté libre de culpa que tire la primera piedra) y los reconoció. Fue fiel a su persona, a su forma de ser, a sus sentimientos. Fue fiel a sí mismo.

Y entonces vino el forense, y lo metieron en una bolsa verde, y se lo llevaron. Ahí sí que lloré. Por todo lo que le dije y por lo que no pude. Por todo lo que él me hizo y por lo que le faltó hacer. Lloré por cuando estuvo y por cuando faltó. Lloré como hacía mucho tiempo que no lloraba. Pero al tiempo que lo hacía iba sanando mi corazón, iba recordando lo bueno, lo positivo. Recordé aquéllas conversaciones que tuvimos, aquéllas en las que nos perdonamos todo el daño que nos hicimos mutuamente. Recordé que vivió su vida conforme a sus ideales y que murió tal y como quiso, como siempre dijo, sin hacer ruido, sin molestar a nadie. De repente.

En los próximos 2 días recibimos a la familia en las estaciones, en los hoteles y en los bares de la zona. Seguí llorando, claro, y riendo a la vez. Le lloramos donde a él más le habría gustado (en los bares) y haciendo lo que a él más le gustaba (comer y beber). Tanatorio, funeral, misa y ya. Algún episodio desagradable que ahora me parece no tener ninguna importancia. Pero siempre rodeada de la familia, llorando y riendo, abrazándonos, besándonos y hablando de él.

Y en todo momento tuve el apoyo de Rafa, no me dejó ni un momento. Sólo cuando fue a buscar a los niños para que estuvieran con todos nosotros el último día. Y también tuve a mis niños, viviendo de cerca el momento, como algo natural que hay que vivir. En realidad, nada más natural que la muerte, ¿no crees?

El domingo me acordaré de él, le mandaré mi amor y mi perdón, le recordaré, brindaré en su memoria. Ah, y también iré a votar, que es día de elecciones.

¿Votarás tú, amigo mío? Quién sabe. Quiero pensar que sí. No sé, me gustaría pensar que votas y que te movilizas, que haces lo que puedes desde tu pequeño entorno para mejorar este mundo. ¿Has vivido la muerte de algún familiar cercano, tu padre o tu madre, un hijo? ¿Qué recuerdas? ¿Lo recuerdas con dolor todavía? Bueno, algún día me escribirás, contestarás mis cartas. Algún día tendremos una verdadera comunicación, una de esas que van en las dos direcciones, ya sabes... ;-D

Mientras, te mando todo mi cariño y mis mejores deseos.

Un beso.

¿Por qué amigo?

Querido amigo:

Mucha gente se preguntará por qué pido un amigo y no una amiga siendo mujer. La respuesta es obvia: me gustan más los hombres. ¡Qué le vamos a hacer! Lo cierto es que a lo largo de mi vida siempre he tenido amigos, con o. Las amigas eran coleguitas para salir y ligar con chicos, para preguntar "cosas de mujeres", para las consultas sexuales sobre ¿y tú cómo...? ¿¡¡tú también!!? y cosas por el estilo. Alguna tengo, sí, pero son más "protectoras", más "madrazas" y hay cosas que a las "madres" (verdaderas o postizas) no se les cuenta.

Bien es cierto que con la maternidad he descubierto que eso SÓLO lo pueden entender la mujeres. Nada que tenga que ver con los sentimientos de maternidad, con las sensaciones, con los horrores, con las luchas internas... nada de eso puede entenderlo un hombre. Y tampoco una mujer que no haya sido madre, la verdad.

Sí, a mis amigos les he podido contar de todo, he podido compartir de todo. Creo que fue Nietzsche el que dijo "para que un hombre y una mujer sean amigos primero debe existir una cierta antipatía física" (o algo muy parecido. Yo encontré otra manera de resolver el problema de la atracción sexual que, tarde o temprano, se presenta entre dos amigos de distinto sexo: enrollarme con ellos. Sí, una vez que se presentaba se solventaba. Y una vez superado ese obstáculo (una, dos o las veces que hiciera falta, hasta que la atracción desapareciera) y con un grado de intimidad superior a la de cualquier pareja de amigos normal, pues a seguir con la amistad. Siempre me funcionó. Claro, que no tenía los compromisos que tengo ahora.

Y entonces me hago la pregunta del millón: ¿qué voy a hacer cuando tú aparezcas? ¿Cómo voy a solventar este problema? Bueno, siempre existe la posibilidad de que no se presente, ¿no? Quiero decir, de que no haya ninguna atracción física. En el caso de que ninguno de los dos la sintamos, perfecto, pero ¿y si uno de nosotros se siente irremediablemente atraído por el otro? ¿Y si cada vez que estemos juntos charlando, pongamos como ejemplo, tu olor me llega y me nubla el pensamiento? ¿Y si me estás contando algo importante de tu vida, algún problema que tienes, y yo sólo puedo pensar en abrazarte, en besarte, en...?

Sí, te he oído, he oído tu voz detrás mío, diciendo suavemente "(paraaaaa... no sigas... sólo es tu imaginación)" Tienes razón, ya sabes que mi mente va por libre y le encanta inventar historias de todo tipo. Por eso te escribo, para poder dar rienda suelta a ese montón de locuras que hay en mi cabeza... Así salen de mí, las dejo libres, les quito el poder que tienen.

Bueno, amigo mío, por ahora lo dejaré aquí. Gracias por estar ahí. Gracias de corazón.

Un beso.

Otoño

Querido amigo:

Por fin ha llegado el otoño a esta tierra. Estaba deseando verlo pero se ha hecho de rogar. Ha sido el verano más largo que recuerdo. Largo y seco, árido diría yo y muy caluroso. Incluso el principio del otoño ha sido así. Pero por fin han llegado las lluvias y el amarillo va dando paso, poco a poco, a un verde todavía enfermizo y apagado. Y el pardo de las tierras se ha vuelto rojizo, tan propio de las tierras arcillosas como estas.

Y como se ha marchado todo el mundo, ahora los animales salen y vayas donde vayas están ahí. Corzos pastando, venados cruzando la carretera o jabalíes por los campos. Hasta he visto un zorro tumbado en un campo.

Me gusta mucho donde vivo ahora, me encanta. Pero te echo de menos amigo mío. ¿Dónde estás? A veces te intuyo en la mirada de algún parroquiano pero no, no eres tú. No sé cómo eres ni dónde estás. Sólo sé que te llamo, te hablo, te escribo... Algún día vendrás. Algún día llegarás a mí. Mientras tanto yo seguiré escribiéndote y llamándote. Sé que llegarás a mí, en el momento más conveniente, en el momento justo, en el único momento en que podrías venir.

Valga esta primera carta como el inicio de una larga amistad.

Un beso.