Querido amigo:
Ya estoy de vuelta. Espero que no me hayas echado mucho de menos (mentirosa, espero que sí, que me hayas añorado). Aunque he estado ocupada con otras cosas y me he pasado dos días medio mareada y como en una nube, sin vivir demasiado la realidad, el caso es que te he echado muchísimo de menos. Eso de poder contarte mis cosas... Pero ya estoy aquí.
Hoy he vuelto y estoy cansada. Pero aún así me he tenido que dar una vuelta. Mi perra lo ha pasado fatal. En un piso 14, subiendo en ascensor, saliendo con correa y donde yo la llevara (pobre), tanto coche, tanto ruido, tantos olores. Ha llegado a casa y se ha tirado en su colchón a dormir. Pero cuando nos hemos ido a pasear parecía más un canguro que un perro de los saltos que daba de alegría. Lo olía todo y en todos sitios orinaba y defecaba, reconociendo como suyo el territorio, dejando su olor en todas partes, corriendo calle arriba y abajo como una loca.
He ido a ver las estrellas. No sabes qué noche hacía hoy. Fría, sí, pero una auténtica preciosidad. Se podía ver la Vía Láctea en todo su esplendor. Millones de estrellas brillando, volcando su luz sobre mí, dándome su energía de una manera tan desinteresada que no he podido por menos que conmoverme. Y me he sentido tan feliz en ese momento, tan plena, que una solitaria lágrima se ha derramado de mis ojos y ha surcado mi mejilla derecha, ha resbalado por mi cuello y allí ha desaparecido. Y entonces he visto una estrella fugaz. Un pequeño guiño de mis amigas. Sus risas plateadas, dulces como pequeños cascabeles, han llegado a mi corazón: también te vemos, también te amamos, también hemos derramado una lágrima por ti.
Estoy en casa. Hoy he sentido DE VERDAD que ésta es mi casa, mi hogar. Sí, he tenido que salir un par de días para echar de menos todo lo que tengo. El silencio, los olores, lo colores. Gracias Señor por devolverme sana y salva.
¿Por qué hablo en singular si somos una familia? Porque este es mi hogar, pero no sé si es el hogar del resto. Cada uno tendrá que buscar su sitio en el mundo. Y aunque mis raíces están lejos de aquí he sido exitosamente trasplantada J
Mañana te contaré más cosas y me ayudarás a analizar otras. Estoy cansada del viaje y lo poco que dormí anoche.
Un beso enorme, grandísimo, un fuerte abrazo. Te he extrañado mucho y me alegro de tenerte otra vez aquí, bajo mis dedos sobre el teclado. Dulces sueños cielo, amigo querido. Todo mi amor.
Hasta mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario