martes, 6 de noviembre de 2012

El primer día

Querido amigo:

Hace mucho que no te escribo. Lo cierto es que no me he acordado de ti en mucho tiempo. Esto de las nuevas tecnologías... Me he visto abducida por ellas pero, ¿sabes una cosa? Nada puede compararse a ti. Ahora que me he sentado a escribirte me doy cuenta de cuánto te necesito. Te he echado de menos: Esa sonrisa tuya, esa ceja levantada a veces, esa risa irónica otras, que resuena en mi cabeza, detrás de mí...

Necesito serte sincera, necesito contarte lo que me ha pasado, amigo. Por fin lo he conseguirdo, ¿sabes? ¿Recuerdas el odio, ese al que me enfrenté una vez? Pues he conseguido enfrentarme a él más de una vez. Lo estoy consiguiendo, creo que por fin he aprendido: soy fuerte, me quiero, no lo consiento. Por fin le doy la vuelta.

Paso a paso, peldaño a peldaño, así se hace camino, así se avanza en la vida, así se aprende. Estoy orgullosa de mí, me siento realmente feliz porque no voy a permitir que nadie, ¿lo oyes? NADIE vuelva a negarme. Soy grande, soy buena, soy fuerte, soy valiente, soy feliz, soy trabajadora, soy inteligente, SOY LOLA.

Voy a dejar mi paraíso, de forma temporal. Tengo que trasladarme, sólo unos kilómetros. Volveré aquí, volveré cuando mi lugar definitivo esté listo para mí. Mi cámara y yo, mi perra, mis paseos, la escarcha brillando, las hojas cayendo y mis cielos estrellados, mis maravillosos cielos.

Echaba de menos escribir. Con el móvil no puedo pero con el ordenador... Ahora mismo mis dedos se deslizan por las teclas, felices y contentos, saltarines, recordando dónde están las letras, rápidos como cometas.... Te echaba de menos a ti también, siempre tan callado, siempre tan sabio, siempre tan... YO.

Hoy empieza, hoy es el primer día, 5 de noviembre de 2012. Hoy comienza mi nueva vida. Mis niños se han ido, 15 días sin ellos, sin sus besos, sin sus caricias, sin sus peleas, sin su ropa tirada por el suelo. Dos semanas enteras. Las dos semanas que necesito para reajustar mi vida, mi casa, mis cosas. Tirar, limpiar, ordenar, trasladar, cambiar... Una nueva vida, una nueva casa y la mitad de lo que estorbe a la basura. Y el propósito de ser feliz. No dejarme caer nunca más en el pozo, nunca más.

Mi queridísimo amigo, cómo me gusta saber que ahí sigues. Me gusta el gesto que has hecho al cerrar el libro que leías y dejarlo sobre la mesita a tu derecha. La luz de la pequeña lámpara de lectura no ilumina tu rostro, tan solo tus manos y tus piernas. Me encanta ese batín burdeos que llevas, tan clásico. Puedo ver la sobra de tu silueta, tu melena sobre los hombros, tus manos cruzadas sobre tu regazo. Esos dedos largos, esas manos grandes y delicadas al mismo tiempo.

A veces, cuando estoy triste o me siento sola (como ahora) me gustaría sentarme sobre tus piernas, como una niña pequeña, y sentir esas manos sujetándome, sosteniéndome, acariciando mi pelo, consolándome. Hoy estoy sola, más que nunca. Hoy es el primer día. Pero mañana saldrá el sol nuevamente, y aquí estaré, en pie, como siempre. Ahora me voy a acostar amigo, y me gustaría que me dieras las buenas noches. Besa mi frente, ahuyenta los malos pensamientos, llévate los sueños negros. Síéntate a mi lado mientras duermo, lee en tu sillón, cerca de mi cama. Te soñaré ahí, protegiéndome, vigilándome. Si ves que mi sueño es agitado, cálmame, pon tu mano sobre mi cabeza.

Gracias mi querido amigo, mi padre, mi madre, mi yo. Gracias por estar ahí, gracias por susurrarme.

Dulces sueños amigo mío, dulces sueños.

domingo, 16 de septiembre de 2012

SOLOS

Hola mi querido amigo:

Hoy he comprendido un cosa: el ser humano se siente incompleto, insatisfecho. Ese sentirse incompleto es lo que nos hace buscar desesperadamente el reconocimiento, la compañía, el afecto de otros... Pero lo cierto es que estamos solos. Nada hay más verdadero que el hecho de que estamos SOLOS.

Nacemos solos aunque estemos rodeados de gente, es una experiencia única que nos compete a nosotros: la primera respiración. Y también morimos solos. Abandonamos este cuerpo y este mundo material sin que nadie nos acompañe, sintiendo y viviendo esa experiencia en absoluta soledad.

Pero... ¿estamos solos? Ese es el gran error en el que incurrimos. Si profundizas en tu interior, si miras más allá de este cuerpo físico que te envuelve, descubrirás tu verdadero e infinito ser. Y éste se encuentra conectado con el resto del Universo. No sólo no estamos solos sino que somos uno con Todo. Ese es el conocimiento que debemos aprehender (que no aprender).

Como ejemplo estamos tú y yo. Eres un producto de mi imaginación, existes en mi mente. Yo te he inventado y no existes realmente. A menos que lo que creemos como real no lo sea. Porque ahí estás, cada día, cada noche, cada minuto. Ahí estás a mi lado, susurrándome, orientándome, riéndote con ese cascabel quedo de tu voz... Ahí estás siempre. No puedo tocarte pero eres perfectamente real. Te siento cerca y cercano, más cercano que ningún otro ser humano.

¿Y si esa cercanía puede sentirse con otras personas? Lo he intentado, lo he probado y me ha funcionado. He podido sentir a alguien hablándome como lo haces tú, contestando a mis preguntas como lo haces tú y, ¿sabes?, al poco tiempo lo ha hecho en persona, como si me hubiera escuchado. Así que supongo que así habrá sido, prefiero pensarlo así...

Bien, eso me hace sentir la mar de bien porque realmente no existe la distancia entre las personas que se aman y desean estar juntas. No importan los cientos de kilómetros que nos separen de los seres que amamos porque podemos sentirlos aquí mismo, a nuestro lado.

¿Solos? No, nunca.

Gracias por estar ahí amigo mío, dulces sueños.

jueves, 26 de julio de 2012

Mucho tiempo, sí...

Querido amigo:

Hace mucho que no te escribo, hace tiempo que no te necesito, no tanto como antes. Nadie sabe cuánto me has ayudado sólo con estar ahí. Gracias a ti he podido verme las caras con mi ego. Nos hemos mirado a los ojos y por fin puedo decir que soy capaz de reconocer cuándo es su voz la que escucho en mi cabeza. ¿Sabías que casi siempre se siente ofendido?

¡Hay tantas y tantas cosas en la vida que carecen de importancia real...! Pero a él no le importa, a ese ser pequeño y mezquino, malcriado y encarado que habita en alguna parte de mi interior no le importa en absoluto. Sus deseos parecen anteponerse a todo lo demás. Necesito ser más humilde, necesito perdonar a los demás, necesito perdonarme a mí misma. Pero él se interpone. Aunque voy a ser constante, voy a procurarlo.

He hecho algo mal, algo horrible. Gracias a la mezquindad de ese mal bicho he dañado a personas de mi entorno, y sigo dañándolas. Quisiera pedirles perdón, pero nuestro orgullo me lo impide. Y digo nuestro porque ese ser está dentro de mí y forma parte de mi forma de ser (que no de MI SER real).

Y hablando de otra cosa, hoy he dado un paso importante, he sido sincera con un buen amigo. Y me alegra haber comprobado que esa sinceridad es mutua. Esta noche mis sueños me guiarán por el camino adecuado porque me siento feliz. Y esa felicidad será como un faro que ilumine mi camino a casa, donde quiera que ésta se encuentre. Me guíará a buen puerto. No sé dónde ni cómo, si cerca o lejos, si tarde o temprano, pero será un buen puerto. Y deseo que mi amigo esté a mi lado.

¿Sabes cuál es uno de mis graves problemas? Vivo la vida como si alguien me estuviera evaluando constantemente, como si tuviera que estar agradando a todos, tanto reales como imaginarios, personas vivas o ya fallecidas. Durante toda mi vida ha sido una gran presión sentirme observada, juzgada y condenada constantemente. Y cuando he hecho algo porque sí, porque quiero y punto, rápidamente me he sentido mal por hacerlo, por no pensar en los demás, en sus sentimientos, en sus deseos, en sus vidas, en si piso o empujo a alguien... Y en mi vida he buscado que hubiera personas reales que me recordaran qué debo hacer y qué no. Cuándo hago daño a otros y cuándo molesto. Pocas veces he hecho las cosas de corazón, porque creo es lo mejor para mí. Las veces que lo hice, lo cierto, es que me fueron bien las cosas.

Es difícil en esta sociedad hacer algo por el propio bien. Siempre hay alguien que te dice: ¿y yo? ¿y mis sentimientos qué? ¿Y mis deseos o necesidades qué? Un ejemplo clarísimo lo tenemos en los hijos. Sólo si eres padre, mi querido amigo, entenderás a qué me refiero. Pero los hijos no son así, no cuando son pequeños. Ellos tienen una serie de demandas, de lo más básicas, y realmente piden poco más que un perrillo. Somos los padres (y sobre todo las madres) los que les enseñamos a que "nos fuercen" a depender de nosotros.

En mi caso, durante años y por mi propia soledad o mi grandísimo sentimiento de culpabilidad y "mala madre" he hecho que mis hijos estén apegados a mí a base de no separarme de ellos y no dejarles separarse de mí. Un ejemplo tonto. Me pasé días y días diciendo: ma-má, a ver dilo... ma-má... 9 años después sólo puedo decir: ¿TIENES PADRE? ¿Y POR QUÉ SÓLO DECÍS MA-MÁ, JOD...? Les he enseñado durante años a que sólo me tenían a mí para casi todo, me he obligado a estar con ellos a pesar de no querer o no poder aguantar más. Y ahora que quiero despegarme y que se despeguen no lo consigo. Y cuando lo consigo y se marchan y no les veo en 4 horas, me siento fatal y no hago más que preguntarme dónde estarán, si todo irá bien, si les ha pasado algo...

¿Sólo yo soy así o les pasa a más mujeres? Querido amigo, las mujeres somos así de raras, así de enrevesadas y retorcidas. Bueno, al menos yo y muchas de las que conozco. Supongo que nos rodeamos de aquéllos seres que nos son afines.

Querido amigo, cada día te necesito menos porque ahora tengo un amigo de verdad, uno de esos de carne y hueso, uno al que escribo y me contesta. Querido amigo, sé que siempre estarás ahí, que siempre serás mi Pepito Grillo, la voz de mi conciencia. Echo de menos esa risa tuya en mi cabeza... ¡ah...! ¡Ahí está! :-D Me alegra saber que sigues ahí. Te quiero, amigo, me emocionas, me haces sentir completa. Saberte ahí, en mi cabezota, alto, sentado en tu sillón rojo, contu libro y tu lamparita... Tú no me juzgas, ¿verdad...? .... ..... Me alegro.

Me voy a dormir ya amigo, mañana será un buen día pero algo duro. Larga caminata, baños en el río, ¿visita a cueva? Ya veremos.

Dulces sueños querido amigo. Hasta siempre, hasta pronto.

lunes, 25 de junio de 2012

Sin título

Querido amigo:

Días tristes y otros no tanto... días felices y primaverales... así se me pasa la vida. La veo como una sucesión de días que pasan delante de mí, como una película. Pero, ¿vivo? Alguien me dijo que las cosas que hago son normales porque soy una superviviente. ¿Quiero seguir haciéndolo?

Lo cierto es que no. No quiero sobrevivir a la vida, quiero vivirla y sentirla. Quiero que los colores sean más vivos y brillantes y no tan grises. Quiero que la música sea más vibrante y armoniosa y no tan machacona y estridente. Quiero abrazar a mis hijos sin pensar si han hecho los deberes. Quiero amar de corazón y sin barreras, sin oposiciones y sin prejuicios, y no con miedo y reticencias.

--------

Ha pasado más de un mes desde que escribí lo anterior. Ya hemos pasado el solsticio de verano. Aquí sigo, con todas mis inseguridades pero con un gran convencimiento sobre un par de cosillas:
1º) Si estoy así, si mi camino está lleno de obstáculos, si todo es un caos a mi alrededor, es porque no he aprendido. El miedo me lo impide.
2º) Cuán grande es mi ego.

Dicen que cada persona que se cruza contigo en la vida actúa como un espejo en el que verte reflejado. Y hay un aspecto de mi ser que siempre he negado, siempre he estado ciega frente a él y que viene a mostrárseme en mi hija. El momento de una elección para ella es un gravísimo conflicto. "¿Qué quieres de postre?" Su respuesta, "¿qué hay? Bueno, pues hoy helado. ¿Qué helado me cojo? No sé cuál quiero... ¿cuál cogerías tú mamá? ¿Qué han elegido mis hermanos...? Ay, no seeeeeé..." Y así con todo: los zapatos, la ropa, la peli para ver... Me pone realmente histérica.

Hoy he descubierto que eso mismo me pasa a mí. Por eso no encuentro mi camino, porque no me decido. ¿Cuál elijo? ¿Y si me equivoco? ¿Y si no era ese? ¿Y si salen peor las cosas? ¿Y si.....? Millones de preguntas que se podrían resumir en una única palabra: miedo.

Y hoy he leído algo que me hace pensar: Todas las cosas cambian y no podemos permanecer entre obstáculos y obstrucciones constantes. Así que mañana tendré que tomar un par de decisiones y asumir mi responsabilidad.

Y luego está el tema del ego. Creo que me voy a seguir llevando un montón de decepciones en la vida si no consigo aprender a dominarlo. Al menos a ser consciente de que es el ego el que me mueve a hacer y decir la mayoría de las cosas de mi vida. A que le alimento constantemente y es él la fuente de mis males. Porque creo estar hablando con mi espíritu pero es al ego. A él le alimento cada día.

Querido amigo, te echo de menos, hace tanto que no estoy contigo, hace tanto que no te hablo, que me he perdido un poco. Sé que estarás ahí cuando te necesite. Espero escribirte pronto.

Me despido ya, mi amigo. Dulces sueños, como siempre. Esta noche soñaré contigo, soñaré que velas mi sueño y alejas de él las pesadilla. Dulces sueños amigo, dulces sueños tengamos.

jueves, 3 de mayo de 2012

:'(

Querido amigo:

Llevo dos días muy muy triste. Me rompe el corazón hacer daño a los que quiero. Me rompe el alma verles sufrir. Sé que tiene que ser así, que tienen que llorar. Pero me muero.

No quiero ni escribir ni hablar ni leer. Sólo una persona podría ayudarme ahora y no puedo acceder a ella. Sólo seguir con Ciara me ayudaría ahora mismo, y no puedo pedirle ayuda.

Sé que encontraré la salida de este laberinto, pero ahora estoy perdida y triste.

Dulces sueños. Hasta pronto.

jueves, 19 de abril de 2012

Hablar por hablar

Querido amigo:

Esta vez sólo te escribo para no sentirme sola. Es uno de los motivos por los que escribo. Y aunque sé, en lo más profundo de mi ser lo sé, que no estoy sola, a veces me siento así. este es uno de esos momentos. Pero hablando contigo se me pasa, eres mi "angel de la guarda, dulce compañía".

Aunque me siento sola estoy extrañamente feliz. Es curioso lo fácil que es hacerme feliz. ¿Sabes? El hecho de estar sola, de sentirme sola, no me incomoda. Tengo a mis hijos, a los que adoro. Pero necesito mi soledad, necesito este silencio, necesito la paz interior.

Estoy deseando recibir mis CDs de clásica y prepararme el MP3 para abstraerme de todo. Noche, fuego en el hogar, música adecuada, silencio interior, mente sosegada. Y claro, los paseos diarios, esos que no falten. Creo que el ejercicio físico debería ser obligatorio para todo ser humano. Gran parte de mi trabajo es físico pero no me refiero a eso: andar, correr, nadar, practicar algún deporte. Además de tonificar el cuerpo eleva el espíritu. Y si tienes la grandísima suerte de hacerlo y a la vez disfrutar de la naturaleza en su estado más puro, de ver esos cielos estrellados y limpios, de admirar ese verde vivo de las primeras horas de la mañana, en contraste con ese azul brillante del cielo... ¡Ah! Entonces te encuentras más cerca de Dios, te sientes más uno con el resto.

En estos encuentros con la naturaleza he tenido la oportunidad de observar un hecho curioso. Si ves una encina, una única encina solitaria, verás un árbol con su tronco y una copa en forma de bola, como un chupa-chups. El caso es que, cuando se juntan varias encinas (6-15, las que sean) entre todas ellas forman una réplica de lo que sería un único ejemplar. Entre todas forman una copa común con forma de bola.

¿Pasa sólo con las encinas? Pues no. También les ocurre a las sabinas. He visto 3 troncos de sabina juntos que, desde lejos, parecen "el sabinón". Una copa enorme en forma de triángulo con su vértice señalando al cielo. Y al acercarme, ¡sorpresa!, eran 3 troncos y cada árbol había dejado de crecer en la parte que coincidía con los otros para, juntos (sí señor, JUNTOS) formar un único ejemplar.

Amigo, ¿qué nos ha pasado a los humanos? Cuando nos movíamos en tribus buscábamos el bien común. Ahora no somos capaces de diferenciar qué es bueno para nosotros mismos. La naturaleza es sabia. Observar y aprender de ella es un buen consejo que me doy a mí misma.

¿Ves? Charlar contigo me ayuda. Voy a darme una de esas duchas largas que me gustan y me acostaré. Si quiero madrugar para andar será mejor irme ya a dormir.

Dulces sueños, mi querido amigo. Descansa y sueña. Sueña un mundo más amable, sueña un mundo más generoso, sueña conmigo. Yo soñaré lo mismo. Dulces sueños amigo, hasta pronto.

domingo, 15 de abril de 2012

Poco a poco

Querido amigo:

Hoy he recibido el mismo consejo de diferentes personas y por diferentes motivos. Como no creo en las casualidades, creo que debería hacerle caso: paciencia.

Con la práctica me va siendo algo más sencillo eso de tener paciencia. Pero ese consejo, al menos de una parte, ha ido algo más allá: lleva tu parte oscura a la luz, domina tus impusos, refrena el enojo. Si me piden la luna me habría parecido más fácil.

-------

Han pasado unos días. He empezado a pasear nuevamente, ¿sabes? Sí, claro que lo sabes. Me viene bien, me relaja y me tranquiliza. Mañana a las 8 de la mañana otra vez, para empezar el día relajada y tranquila.

Mi cabeza bulle, bulle con miles de ideas que se entrelazan y se cruzan. No para. Y debo frenar esa avalancha si quiero sacar algo en claro. Anteayer leí a Chopra y me aconsejó que hiciera caso de las señales de mi cuerpo, ya que éste es el vehículo con el que me muevo por esta existencia. Dice: "Cuando elijas cierta conducta, pregunta a tu cuerpo que siente al respecto. Si tu cuerpo envía una señal de inquietud física o emocional, ten cuidado". Ayer la sentí. Deberé tener cuidado. No sé cómo lo voy a hacer pero al menos sí sé cómo no lo debo hacer.

He puesto mi fe y mis esperanzas en manos del destino, en manos del Universo, en manos de Dios. Me dejaré llevar. Sé qué debo hacer. Pero no sé cómo hacerlo. Tengo miedo de anteponer mis deseos o desear manejar el futuro y que eso provoque un mal aún mayor. Es una buena idea eso de preguntarle al cuerpo pero, ¿puedo fiarme de él? En ciertos sentidos, por hacerle caso, me he visto en un montón de problemas. Aunque supongo que Chopra no se refería al lenguaje sexual del cuerpo. A ese no debo hacerle mucho caso, la verdad. ;-D

También dice: "Si tu cuerpo envía una señal de comodidad o anhelo, procede". Ay, anhelo... (ya estamos, mejor no hacerle caso...) Sí, hay un tema en el que mi cuerpo no sólo envía señales de comodidad, sino de prisa. Me dice: vamos, hazlo, adelante, es el momento, podemos hacerlo, saldrá bien... Sé que las personas adecuadas para ayudarme a llevar a cabo mis proyectos están de camino. O puede que incluso ya formen parte de mi vida, sólo esperan el momento en que yo me decida para seguir adelante, para apoyarme. Ahora es el momento.

¿Te he hablado de mis proyectos empresariales? La verdad es que sí, mi cabeza bulle constantemente con miles de ideas. Tantas, que me es imposible darles forma. Pasito a pasito, supongo. Poco a poco.

Hoy me he comprado algo de música clásica. Ahora sólo me queda pasarla al mp3 y poder escucharla para relajar mi mente. Poco a poco. Paseos, buena música, paz mental y espiritual. Quietud, silencio interior. Al menos intentarlo, al menos conseguirlo unos minutos al día. Poco a poco.

Estáte cerca, amigo mío, estáte ahí, no me abandones (como si pudieras, ¿verdad?) Ayúdame a ver las cosas con perspectiva, con objetividad. Dame tu opinión, en mis sueños, en esa vocecilla que me habla. No dejes que te silencie, grita si es necesario. No me dejes, no te vayas, no desaparezcas.

Dulces sueños, mi querido amigo, mi único y verdadero amigo. Dulces sueños una vez más. Ya me retiro a descansar, con tu amor en mi corazón. Dulces sueños y descansa. Un beso.

martes, 27 de marzo de 2012

Cansada

Querido amigo:

Es tarde, estoy cansada. He estado estudiando y estoy un poco abotargada, bastante lenta ya. Me siento como una pobre mula, cansada de arrastrar las cargas del día de un lugar a otro y que, al final del mismo, ha metido las pezuñas en una ciénaga.

El olor pútrido que de ella emana se mete en mis ollares y siento como si mi cuerpo entero se abotagara. Quiero salir de ahí, quiero cocear hasta poder salir, pero estoy tan cansada, me cuesta tanto...

No quiero pensar más, sólo dejarme llevar, dejarme hundir...

Hasta siempre, mi querido amigo. Te volveré a escribir, en un momento mejor.

Dulces sueños mi amigo, vela el mío. Besa mi frente y vela mi sueño para que nada malo me suceda. Aleja las pesadillas, aleja los demonios. Tráeme verdes pastos, aguas cristalinas, cielos despejados, dulces aromas a primavera. Buenas noches amigo mío, nos veremos en mis sueños, quizá en los tuyos, quizá no nos veamos.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Vida - Muerte - Vida

Querido amigo:

Esta semana pasada la muerte ha querido llamar a las puertas de nuestros pueblos. Si el otro día te contaba lo del entierro de una anciana, hoy he de hablarte de la muerte de un muchacho.

Sólo lo vi un par de veces, no creo haber cruzado ni una palabra con él. Mas las circunstancias de su muerte y el dolor y la tragedia que ha generado en mi entorno, ha conseguido arrancarme alguna lágrima, más de un suspiro y me ha dejado un mal cuerpo increíble.

Nunca te planteas tener que enterrar a un hijo. No quieres ni pensarlo, ni imaginarlo. Cuando me hablan del dolor de sus padres, de la desesperación, el desgarro y la locura que están viviendo... se me hace un nudo en la garganta.

Veintiun años, sólo eso, un niño casi. Sus amigos se sienten rotos, no se lo pueden creer. Leo lo que escriben y, en realidad, me han demostrado tener una gran madurez. Se han juntado en una piña para apoyarse, para apoyar a la que fue su novia, publican sus fotos, hablan de él, no quieren olvidarle, hablan de amor y de cariño, suben canciones, y siguen apoyándose entre ellos. Sí, me ha sorprendido.

Será esto de las redes sociales, quizá acerque más a las personas, haga que estén más unidas a pesar de las distancias físicas que les separa. No sé, no he visto algo así entre la gente de mi edad. Hay un pésame corto, un abrazo de cumplido, unas frases hechas dichas mecánicamente. Es más oscuro, más negro, sólo lágrimas y dolor. Quizá sea una impresión mía.

Querido amigo, querido corazón mío, sigue latiendo a mi lado, sigue hablándome en el silencio, sigue susurrándome tus consuelos en la oscuridad. Borra mi tristeza, protégeme del dolor, no dejes que mi cabeza vuele a mundos imaginarios de desesperación.

Querido amigo, tráeme amor y alegría, déjame aprender de ellos, de los jóvenes y de los niños. Ayúdame a ser humilde y dejarme enseñar por ellos. Sé que la vida es más simple, sé que la muerte es obligada y necesaria, sé que los niños tienen la mejor de las visiones. Ayúdame pues a aprender de ellos.

Buenas noches mi dulce amigo, soñemos juntos con un mundo más... natural (esa es la palabra que buscaba), con un mundo donde la vida y la muerte se suceden sin que ello signifique un estancamiento en la evolución sino un proceso necesario, esperado y beneficioso.

Dulces sueños, amigo, sigue conmigo.

sábado, 17 de marzo de 2012

UN HOMBRE, con mayúsculas

Querido amigo:

Ayer estuve en un entierro. Es la primera vez que veo uno. Supongo que aquí, en los pueblos, es más normal, más lógico. En las cuidades es todo tan aséptico y desprovisto de humanidad. Allí todo se hace para hacernos más llevadera la muerte. Porque, en definitiva, la muerte de otro ser humano nos recuerda la propia, lo efímera que es la vida. Nos enfrenta a la posibilidad de que algún ser querido y cercano también muera.

Hacía mucho calor, demasiado para el mes de marzo. Dicen los viejos que no recuerdan un invierno tan seco ni un calor como el de estos días. Subí a la iglesia. En la plaza algunos corros de hombres, charlando y fumando. Sólo otra mujer a parte de mí. Entré en la iglesia tras saludar.

Por fin la veía por dentro, después de tantos meses aquí (un día lleno de primeras veces). Me sorprendió encontrarme con unas paredes blancas con los arcos y columnas en albero. Al fondo hay un gran retablo y bajo él un hombre ya mayor oficiando la ceremonia. Cantada, para grata sorpresa mía (otra primera vez). Estuve un buen rato, observando a la gente, al cura, a los hombres en la calle. En la eucaristía salí fuera nuevamente y me uní a los hombres para charlar.

Al cabo de unos minutos comenzaron a salir. Quise acercarme para darle el pésame al hijo de la fallecida, pero me resultó imposible. Introdujeron el féretro en el coche fúnebre. Un sol espléndido nos bañaba a todos. Se inició la marcha hacia el cementerio, con la cruz de guía al frente. Se iniciaron las charlas entre unos y otros, los que hacía tiempo que no se veían, "qué tal estáis, ¿y los chicos?" "hacía tiempo que la mujer ya no conocía a los suyos, ya sabes..." "y tu hija, ¿aún en paro?" "pues sí, ayer tuvimos otro entierro..." "mal, chica... con lo suyo, de médicos todo el día..." "...aquí, chico, a acompañar, hay que estar..." Unas y otras conversaciones iban y venía, fluían. Una marea multicolor bajando por la calle.

Una vez en el cementerio la gente se desplegó como un abanico. La tumba se encontraba en el extremo derecho del mismo pero el cementerio entero se llenó. Algunos visitaban alguna tumba conocida, algún ser querido, otros seguían con sus charlas y salutaciones, sus presentaciones ("... es mi hermana, la pequeña..."), otros simplemente guardábamos una distancia prudencial, por respeto a la familia. En mi caso, no conozco más que al hijo, y no mucho. Esperé, observé. El sol calentaba demasiado y deslumbraba tanto que tuve que usar una mano a modo de visera para ver qué ocurría al fondo.

En ese momento me di cuenta que, con unas maromas enormes iban bajando el féretro, a pulso, entre varios hombres, uno de ellos mi conocido. Y comprendí lo duro que ha de ser enterrar con tus propias manos a tu madre. No pude evitar, mientras las palas comenzaban a arrojar la tierra, pensar en tener que hacer algo parecido, con mis manos. Pero una imagen borró de mi mente todo y me devolvió a la realidad. Mientras la tierra golpeaba la caja de madera, una gran mano, acostumbrada al azadón, la sierra y el hacha, una mano ancha y callosa, fuerte y recia, trataba inútilmente de secar las lágrimas que brotaban sin cesar de unos ojos profundamente azules. Los hombros cayeron un poco más, la cabeza giraba negando y a veces asentía sin más, viendo cómo la que un día fue su madre desaparecía para siempre.

Tuve que pararme, retenerme, para no salir corriendo y consolarle. Instinto maternal, supongo. Cuando ya no pudo más se giró, y se encaminó hacia la salida. O lo intentó ya que en ese momento comenzaron a acercársele unos y otros, a darle el pésame. Esperé, no me moví, seguí observando. Se iba calmando, asintiendo, agradeciendo, avanzando poco a poco, acercándose a mi posición. Y a falta de tres o cuatro pasos se quedamos solos frente a frente por un momento, me miró a los ojos y pude ver el dolor reflejado en su gesto. Salvé la distancia que nos separaba mientras abría los brazos. No dije nada, sólo le abracé. El dejó caer los suyos a los lados, vencido. Un sollozo escapó de su pecho mientras decía: "Ya, Lola, ya está..." Hizo amago de apartarse pero le abracé más fuerte, intentando darle todo mi apoyo, queriendo decirle que lo entendía, que sabía cómo duele, que perdí a los míos joven, intentando consolar a aquél gran hombre. Se rindió y me devolvió el abrazo. Creí sentir una corriente de comprensión mutua. "Ya pasó, ya está..." le respondí yo. Y nos separamos.

Probablemente ese abrazo me sirvió más a mí que a él. Al verle así pude reconciliar una imagen que no me cuadraba en la mente. Hacía tiempo que venía por el bar y, en ocasiones, venía arreglado, a eso de las 8 de la tarde, quizá antes. Pedía un café y decía que iba a ver a su madre, a darle la cena. En ese momento pude imaginarle, sentado junto a ella, la mujer que le dió la vida que ahora le miraba como a un extraño. Pude ver el amor en su mirada mientras la miraba comer. "A ver sino, qué vas hacer, habrá que ir..." decía. Pero una pequeña sonrisa, apenas perceptible, escapaba entre sus labios. Le gustaba ir, visitarla y estar con ella. Se le notaba una pequeña punzada de dolor cuando decía que no le reconocía pero su filosofía, su modo de verlo, era (y es en todo lo que piensa) de una lógica aplastante, "a ver, qué vas a hacer, habrá que estar, ¿no?..."

Ay amigo, esta noche lloro por los míos, los que se fueron. Unas pocas lágrimas en su memoria. Y por él también, un hombre con sesenta y tantos años, duro como el granito, fuerte y entregado. Un hombre que siempre está cuando hace falta, que nunca dice no. Un hombre que no tiene revés, claro y llano, leal y sincero. Un hombre de los que se ven pocos que, no pareciéndolo, le intuyo una sensibilidad y una dulzura como a pocos. Un hombre que, con unas lágrimas por su madre, ha tocado mi alma y mi corazón.

Esta noche lloro pero no estoy triste. En el fondo estoy agradecida por mi suerte, por la suerte de vivir en el paraíso y estar rodeada de gente maravillosa.

Escucho música, un piano me acompaña en mi escritura. Me siento bien, lloro pero estoy bien. Estoy viva. He recordado algo que he leído hoy, algo así: "no añadas años a tu vida, añade VIDA a tus años".

Buenas noches, amigo mío, dulces sueños. Vela mi sueño y el de los míos. Un beso sincero.

lunes, 27 de febrero de 2012

¿Recuerdos?

Querido amigo:

Hoy he tenido un flashback. He revivido un episodio de mi pasado, de cuando era una niña.

Mis padres discutían y yo me desperté. Como tantas noches mamá se había quedado planchando en el salón mientras veía la tele. Nosotros dormíamos. Supongo que papá llegó, con alguna copa de más, y empezaron a discutir. Desconozco el motivo pero la pelea se puso violenta. En un momento dado, casi frente a mi puerta, mi padre le tiró una percha a mi madre y ahí comencé a llorar.

Recuerdo el hueco de la puerta iluminado en contraste con la oscuridad de mi dormitorio. Recuerdo la figura de mi madre recotarse como una sombra dentro de ese rectángulo amarillo. Recuerdo que entró en el cuarto, se sentó en mi cama y empezó a consolarme. Me abrazaba y me decía que no pasaba nada, que papá y mamá se habían peleado pero que ya había acabado. Recuerdo decirle entre sollozos que no me gustaban sus peleas, que papá le había tirado una percha y que no quería que le pegara. Y ella le restaba importancia, "no me ha dado, cariño, no te preocupes..."

Mi niña ha llorado hoy. Y yo lloro ahora.

Dulces sueños, mi querido amigo. Sueña que soy feliz.

viernes, 24 de febrero de 2012

Sueña conmigo

(Hora original de esta entrada 1:45 am. No pudo publicarse por problemas técnicos)

Querido amigo:

Hace días que te quería escribir; diferentes razones me lo han impedido. Pero estabas en mi imaginación, estabas en mi mente y no he dejado de hablarte.

¿Duermes ya? Seguro, es tarde. Yo también debería dormir. Así pues, te deseo que duermas y descanses. Y que tengas dulces sueños.

Sueña conmigo amigo, sueña que me deslizo suave y lentamente entre tus sábanas. Sueña que me acurruco a tu lado, sin querer despertarte. Sueña que me rodeas con un brazo, medio dormido y entre sueños. Sueña que suspiro aliviada y te rodeo con el mío. Sueña amigo mío, sueña que el aroma de mi perfume invade tus sueños y que éstos te trasladan a un mundo maravilloso. Sueña, mi querido amigo, sueña que el calor de mi cuerpo te reconforta en esta fría noche. Sueña que no estás solo.

Sólo sueña conmigo, sin más pretensión que esa, soñar. Sueños donde todo es posible, donde nada puede dañarte si no quieres, donde no hay juicios ni opiniones, donde nadie puede entrar si no es invitado. Déjame acompañarte esta noche en tus sueños. Déjame abrazarte y darte mi afecto. Y, así, en sueños, mi amigo, recibiré también tu cariño y tu afecto. Sólo en sueños. Etéreos y volátiles. Tan reales y verdaderos mientras sueñas y tan lejanos y velados cuando amaneces.

Y mañana cuando despiertes, solo habré sido eso: un sueño.

Así pues, amigo mío, dulces sueños. Hasta pronto.

lunes, 6 de febrero de 2012

Mi queridísimo Amigo

Querido amigo:

Estoy aprendiendo poco a poco... Sí, parece que por fin voy aprendiendo. Hablo algo mejor a los demás, me comunico de manera más positiva, no grito tanto, dialogo y explico más (sobre todo a mis hijos, en lugar de dar órdenes como El Sargento de Hierro). Voy poco a poco y, no sólo lo digo yo. Mis hijos van notantdo los cambios y están más tranquilos.

Estoy progresando. Me he dado cuenta de que tengo que cambiar los viejos hábitos (por fin, llevo mucho hablando de ello) y he decido coger el toro por los cuernos y empezar con los cambios. Y algo debo estar haciendo bien ¿sabes? Ahora me voy encontrando con gente que desea acercase a mí, que quiere mi amistad. Algo debe estar cambiando en mi interior.

¿Será que me voy queriendo? ¿Será que por fin me veo? ¿Será que me estoy perdonando? ¿Será que al hacerlo me muestro más como soy y eso gusta a los demás? Sí, creo que van por ahí los tiros. Aunque sigue habiendo demonios en mi vida... viejos demonios esperando el momento de atacar. Cada día estoy más segura y más fuerte; podré con ellos sin necesidad de luchar, lograré evitarles, lograré engañarles y confundirles para que se pierdan en sus propios infiernos...

He de estar atenta porque ahora es cuando más vulnerable soy. Las recaídas existen y cuando se trata de viejos hábitos más aún.

Cada día amo más la vida, cada día me alegro más de haber pasado por todas y cada una de mis experiencias, que me hacen ser como soy. Cada día estoy más agradecida por la buena gente que me rodea. ¿Sabes? Hay quien sólo quiere hacerme sonreir y se siente feliz por ello. ¿Puedes creértelo? Bueno, eso es lo que me dicen. Únicamente el tiempo dirá si es así. =)

Escribirte me ayuda mucho, ya lo sabes. Me hace sentir mejor porque saco lo que tengo dentro, lo que me preocupa, lo que me molesta, lo que ronda por mi cabeza, aireo mis sentimientos... Contigo hago "limpieza" dentro de mí. Es una buena manera de sacar lo que llevo dentro, bueno o malo, pero sobre todo lo malo. ¿Y sabes lo mejor que tienes? Que no espero nada de ti. Si fueras una persona, podría esperar que me dijeras algo, que me abrazaras o me dieras aliento. Podría espera que me brindaras un hombro sobre el que llorar. Podría esperar un consejo o podría esperar cualquier otra cosa. Pero también podrías no cumplir con ninguna de mis expectativas, y eso me defraudaría. Tú eres sordo y mudo, eres intangible, inalcanzable e intocable. No eres nada ni nadie realmente.

Y lo eres todo.

Eres mi padre y mi madre. Eres cada uno de los amigos verdaderos que he tenido en mi vida. Eres cada uno de mis amantes. Eres cada persona grande y pequeña que se ha cruzado en mi camino a lo largo de mi vida. Eres el conjunto de todos ellos. Y eres la voz de mi conciencia. Al escribirte y luego volver a leer mis propias cartas te oigo dentro de mi cabeza. Me susurras y me alientas, me reconvienes y me corriges, me haces ver lo que no quiero ver y me haces mirar hacia donde no quiero. Eres mi pañuelo y mi consuelo, mi acicate, mi incentivo para seguir adelante. Eres el que me empuja y me frena. Te ríes de mí y conmigo (te oigo... claro que te oigo reír).

Debo estar aprendiendo a quererme y me parece que tú eres yo, que tú eres mi yo más profudo, hacia quién dirijo mis sentimientos y pensamientos. Tú y yo somos... no... habla mi ego. Lo que defino como yo no es más que mi ego. Tú eres algo más, esa parte de mí que deseo descubrir, mi alma, mi espíritu, mi verdadero YO.

No importa que no contestes mis cartas. Sé que las lees y sé lo que piensas. Sí, por fin sé quién eres. Y sé que siempre estarás ahí. Sé que no me abandonarás nunca porque formas parte de mí. Gracias por ayudarme a comprenderlo, gracias.

Mi querido amigo, ahora puedo decirlo, ahora te digo que te amo. Te amo con todo mi ser, con cada célula. Aunque no siempre lo sepa o no lo vea, aunque a veces no quiera reconocerlo, aunque las circunstancias y el ego y la sociedad y el día a día me hagan olvidarlo, te amo.

Querido amigo, hoy me iré feliz a dormir. Hoy una sonrisa acompañará mis sueños. Tu sonrisa, que se dibujará en mis labios, como la imagen que nos devuelve un espejo. Ah, siento mi corazón más ligero. Gran parte de su carga acaba de caer al suelo al tiempo que una solitaria lágrima le acompañaba por mi mejilla. Gracias amigo, gracias siempre por tu bondad, por tu sosiego, por tu estar, por tu calma. Gracias por ayudarme a descubrirte. Gracias por tu misterio.

Te veo, veo la imagen que tengo de ti en mi mente. Si cierro los ojos ahí estás. Eres alto, pelo ligeramente largo, algo despeinado. No distingo tu rostro entre las sombras, aunque es alargado y delgado. Me gusta esa butaca de cuero color burdeos en la que te sientas. Una pequeña mesita a su lado, con una lámpara y un libro sobre ella. Me gustan tus manos. Sí, eres un poco de todo... la voz de mi padre, los ojos azules de una amiga mía, el libro de mi madre, el batín de mi abuelo, el pelo de aquél novio que tuve a los 14 años. Y tus manos, esas que tanto me gustan y me hipnotizan. Eres todos, eres mis recuerdos y experiencias, eres ellos y ellas.

Mi querido amigo, dulces sueños. Consuélame esta noche mientras dormimos. Abrázame en mis sueños y permíteme perderme en tu pecho. Acaricia mi pelo como hacía mi madre. Consuélame esta noche mientras dormimos. Dulces sueños nos deseo.

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuánto tiempo

Querido amigo:

Mi cartas son cada vez más esporádicas. Te ruego me disculpes pero es la falta de tiempo. Quiero hacer tantas cosas y el día sólo tiene 24h, que alguna se me queda pendiente. Y como tú no protestas ni exiges, tan solo callas y esperas, eres el último que atiendo, aunque no por ello el menos importante.

Echo de menos hablarte. Ahora hablo con otras personas. Sé que me ayuda más porque recibo respuestas. Respuestas y comentarios que por regla general no me gustan, pero que necesito para seguir con mi crecimiento. Y siento que estoy progresando, siento que mi vida mejora... Y cuando más segura me encuentro... pasa algo que todo lo cambia. Es como ese chiste que dice: "hoy puede ser un gran día, seguro que alguien viene y te lo jode..."

Pero ya no siento tanta rabia, ya no me dejo llevar por las pataletas. Estoy aprendiendo a manejar las situaciones y esto me evita sentirme mal, sentirme tan mal como hace unos meses. Así que pienso que voy progresando.

Ya no paseo. Estoy perezosa... estoy hibernando... estoy a la espera... En todos los sentidos, espero. No sé qué, no sé cuándo, no sé cómo, pero sé que algo se acerca a mi vida o algo está cambiando en mi interior. Sea lo que sea aún no se ha manifestado pero sé que pronto lo hará. No sé de dónde... sólo espero... espero y observo. ¿Estaré, por fin, aprendiendo a ser paciente? Por una vez en mi vida no precipito nada, no fuerzo ninguna situación. Espero y observo.

Es curioso esto de observar. Se aprende mucho. Y me entran más ganas de escribir. Me gustaría escribir sobre todo lo que veo, sobre la gente que conozco, sobre lo nuevo que descubro de los que me rodean. Incluso he empezado a tomar notas. Quizás algún día escriba sobre todo eso.

He re-descubierto otra cosa en mi vida, algo que había olvidado o relegado a un segundo plano. Mi cabeza era un caos y no tenía tiempo para ver... no... para VER de verdad. Tengo tres hijos. En los últimos meses casi me había olvidado de ellos. Casi no les miraba (MIRABA). Pero ahí siguen. Y ahora saben que les veo, saben que vuelvo a estar ahí. Quizá nunca estuve del todo. Pero empiezo a estar. He tomado algunas decisiones en mi vida, no sé dónde me llevarán (¿importa acaso?) pero la más importante es SER MADRE. Sí, con mayúsculas. Ellos se merecen tener una madre serena y tranquila, paciente y cariñosa, que le acompañe en la vida y les infunda valor, seguridad y respeto, tanto hacia ellos mismos como hacia el mundo.

Voy poco a poco, sé que lo conseguiré, sé que podré convertirme en la gran persona que debería ser. Voy poco a poco, pasito a pasito, pero voy. Me siento más segura, más tranquila, más feliz, más mujer, más valiosa. ¿Estarás ahí para verlo? ¿Me acompañaras en mi cambio, en mi nuevo renacer? Espero que sí, querido amigo.

Me gustan las metamorfosis... propias y ajenas... En este caso es propia... quiero ver en qué me convierto. Ya te contaré, porque ahora voy a descansar.

Dulces sueños, mi querido y silencioso amigo. Siempre cerca..., tan lejano..., siempre callado... Aquí estoy amigo, léeme y, cuando así lo quieras, aquí estaré.

Dulces sueños y hasta siempre. Un beso amigo mío.

domingo, 22 de enero de 2012

Manos

Querido amigo:

Hoy sólo quería compartir contigo algo que escribí el otro día:

Era una mano grande, de dedos largos. Las uñas estaban cuidadas y limpias. Tan solo una mano derecha más, fuerte, acostumbrada a trabajar pero aún joven y de piel tersa. No podía apartar mis ojos de ella, tenía algo que cautivaba. Fui siguiendo sus movimientos mientras sujetaba el vaso y, de una manera muy sensual, lo acariciaba lentamente. Entonces comenzó a girarlo. Era uno de esos vasos anchos que a mí tanto me disgustan. La mía es una mano pequeña y me resultan incómodos. Pero la mano se encontraba a gusto con él. Se notaba que hacía tiempo eran compañeros de fatigas, se les veía compenetrados.
 
Luego agarró el vaso con firmeza. Los nudillos destacaban sobre las falanges; ahí estaban, más blancos, más brillantes que el resto. El vaso se elevó en el aire para llevar el líquido elemento a los labios y luego descendió hasta volver a la mesa. Y quedo solitario mientras la mano se elevó, se acercó al rostro y descuidadamente, mientras el dueño de la misma hablaba, el pulgar acarició el mentón de éste, despacio, muy despacio. Y esa mano derecha desapareció, para aparecer nuevamente en el cuello de su dueño, el cuál masajeó durante unos segundos.
Mientras la conversación acerca de la caza del otro día seguía, yo sólo podía mirar los movimientos de dicha mano, su actitud cuando imitaba cómo cogía la navaja o cómo disparaba con la escopeta. En esos momentos se la veía fuerte y segura, decidida.
Más tarde se entretuvo en acariciar a un perro. Las puntas de los dedos y las uñas le rascaban detrás de las orejas, el largo pulgar hacía pequeños círculos en su cuello. Luego, toda esa gran mano, fuerte y poderosa, se abría para acariciar el lomo del animal. Y pude imaginarla sujetando un bebé y pensé que, si su dueño fuera padre, podría perfectamente sostener a su hijo como en una de esas fotografías de Anne Geddes.
La conversación siguió, la mano volvió al vaso y éste a los labios. Durante unos minutos estuvo sujetando el vaso, jugueteando con él. Yo seguía abstraída y, de repente, como si quisiera llamar la atención de todos y reclamar su espacio en el mundo, apareció una mano izquiera que se elevó en el aire mostrando el dorso y, lentamente, comenzó a girar. Como a cámara lenta vi cómo se abría lentamente, primero el pulgar se separaba de la palma, luego el índice se estiró lentamente; corazón, anular y meñique le siguieron hasta que se mostró totalmente abierta, con la palma extendida hacia el cielo. Abierta, franca, sin nada que ocultar. Me pareció poesía, pura poesía. ¿Pueden unas manos de hombre encerrar tanta belleza, tanta hermosura? ¿Pueden ser tan masculinas y sensibles a la vez? Por un momento envidié a la mujer que las pueda tener.
Un recuerdo imborrable.
 
 
Espero que te guste, amigo mío.
 
Dulces sueños y hasta siempre.

sábado, 14 de enero de 2012

¡¡¡ SAL DE MI CABEZAAA !!!

Por favor, sal de ahí, deja de rondarme. No quiero que sigas siendo mi primer pensamiento al despertarme y el último antes de dormir. No quiero que sigas rondando por mi mente hora tras hora, día tras día. Es una tortura. Sólo rondando, sólo dando vueltas, inalcanzable, intangible, intocable, irreal (el club de las ies).

Así que quiero pedirte una cosa:

Sal de mi cabeza, SAL DE MI CABEZA, SAL DE MI CABEZA YAAAAA

miércoles, 11 de enero de 2012

Desvariando un poco

Querido amigo:

Ya han pasado las fiestas y, ¿sabes qué? ¡¡¡ Me alegro !!! Ha sido muy estresante. Trabajo, fiestas, compras, niños de vacaciones y más trabajo. Pero como casi todo en esta vida, han pasado, se fueron y dejaron algo para cada uno de nosotros.

En estos días he aprendido a conocerme un poco mejor, a descontrolar un poco más, a volver a sujetarme otra vez. No he aprendido nada acerca del amor o la familia, como dice la gente ñoña: una época de amor y para compartir, una fechas para reunirse con la familia... Ñoñerías, pamplinas, chorradas. Prefiero compartir en cualquier otro momento. Cada vez me gustan menos. Si no fuera por mis hijos no sé cómo las pasaría. ¿Será que me estoy haciendo mayor y me convierto en una vieja gruñona?

Sigo queriendo cambiar mi vida, sigue sin gustarme como está ahora. Sigue sin gustarme lo que hago y las motivaciones que me impulsan a hacerlo. Sigo echando de menos el tener 20 años y lanzarme por cualquier precipicio sin miedo a las consecuencias. Sigo temiendo errar en mis decisiones. Sigo sin haber madurado y, sobre todo, sigo eludiendo responsabilidades. ¿Cambiaré algún día? Sí, supongo que sí.

Lo verdaderamente importante es ir recorriendo el camino, poco a poco, no pararse, levantarse tras una caída y seguir adelante. Eso es lo más importante de la vida, vivir. Ser consciente de que vives. Sigo viendo pequeños milagros en esta tierra. Todos me dicen: hace mucho frío, se te ha congelado todo el coche... Y yo les digo: ¿os habéis parado a mirar el cristal del coche desde dentro? Esas formaciones caprichosas y únicas en forma de estrellas, miles de estrellas en este pequeño espacio, brillando al sol con unos diminutos rayos irisados. Son preciosas. Sólo hay que tomarse ese minuto, esos pocos segundos de la vida para ver un milagro de la naturaleza, uno de los millones que nos tiene reservados. Así parece más hermosa nuestra estancia aquí.

Estoy sensible. Ayer fue un día duro y me ha hecho mella. Me ha tocado en el corazón, ese lugar donde se esconden (y muy bien, por cierto) mis sentimientos. Alguien entró ahí y me señaló dónde estaban: ahí, ¿los ves, los sientes? Esos son los que tienes que atender, ahí debes entrar y analizar, debes nombrarlos y reconocerlos, luego podrás compartirlos. Y eso es algo a lo que no estoy acostumbrada. Y me refiero a los verdaderos sentimientos, a los que oculto incluso a mí misma. Y las motivaciones que los provocan, que los crean.

¿Soy justa en mis valoraciones? A veces juego con mi entorno y puedo llegar a ser realmente perversa, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás, tan sólo qué quiero en ese momento. A veces soy dura, muy a menudo soy dura de corazón. Puedo llegar a ser impasible, fría y calculadora. A veces me doy miedo.

La nueva vida que quiero para mí empieza por cambiar los viejos hábitos, esos que ya conozco y que no me gustan. Hasta hace poco no los había analizado siquiera. A cualquiera que me hubiera dicho que yo me comportaba así le habría tachado de loco. Dicen que solemos ver más los defectos que las virtudes que tenemos. En mi caso, veo parte de los defectos, otros los suavizo o maquillo pero, los verdaderamente importantes, los desconocía por completo. ¿Quién, YOOOO? Imposible. Y ahí empezaba un rosario de justificaciones. Está siendo duro pero al menos voy viendo algo de luz.

Ahora viene lo verdaderamente difícil. Cambiar. Y quiero hacerlo. He de hacerlo, en primer lugar, por mí misma y mi felicidad. Y en segundo lugar por mis hijos. Ellos me conocen mejor que yo misma pero he de enseñarles que las personas pueden cambiar, que podemos cambiar si queremos, si realmente estamos dispuestos y tenemos el valor suficiente. Espero tenerlo, por mí, por ellos.

Uf, hoy estoy divagando mucho. No pensaba escribir, tan solo conectarme y ver los correos, pero te he recordado. Y realmente me hacías falta. Querido amigo, cómo me gusta contarte mis desvaríos y que no me digas nada. Contigo no me preocupo por ¿qué pensará de mí si le digo ésto o lo otro? ¿Tendrá ganas de escucharme hoy? Siempre estás ahí (o no, tampoco importa).

Me voy a dormir ya, que mañana madrugo. Dulces sueños mi querido amigo, dulces y hermosos sueños. Un dulce beso.